La relación entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme es una de las historias más complejas y enigmáticas del Boca Juniors moderno. Ídolos indiscutidos, protagonistas centrales de la era más gloriosa del club y socios dentro de la cancha, el vínculo entre ambos nunca llegó a romperse de manera pública, pero sí se fue enfriando hasta convertirse en una relación distante, marcada por el respeto profesional y el silencio.
Durante años, los motivos de ese distanciamiento fueron motivo de rumores, versiones cruzadas y especulaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, tanto Palermo como Riquelme coincidieron en un punto clave: no hubo una pelea puntual ni un episodio único que explique el quiebre, sino un desgaste progresivo que se hizo evidente a partir de 2008.
“Antes era muy cercano a él, siempre, hasta en Japón”, aclaró el exgoleador. La mención a la final de la Copa Intercontinental 2000 contra el Real Madrid no es casual. “Antes era muy cercano a él, siempre, hasta en Japón”, aclaró el exgoleador. La mención a la final de la Copa Intercontinental 2000 contra el Real Madrid no es casual.
El quiebre en la relación después de 2008
“Después me fui de Boca y él vivió un año en una casa que yo tenía en Villarreal, pero después del 2008... ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué pudo haber pasado? No sé, las cosas no se dieron como eran antes. Hasta que me retiré, la relación siempre fue de respeto, pero nunca fue el mismo vínculo que antes", preciso el máximo goleador de la historia del Xeneize.
Los resultados están a la vista: torneos locales, Copas Libertadores, Copas Intercontinentales y una sociedad futbolística histórica. Riquelme era el cerebro; Palermo, el ejecutor. Dentro de la cancha, se entendían sin mirarse.
El rumor que marcó un antes y un después en Boca
La versión más difundida sitúa el origen del conflicto en la final de la Copa Intercontinental 2000, en Tokio, ante el Real Madrid. Según ese relato, Palermo habría sugerido a Bianchi la inclusión de Guillermo Barros Schelotto en lugar de Marcelo Delgado, íntimo amigo de Riquelme, lo que habría generado malestar en el “10”.
Lo cierto es que esa noche Boca ganó 2-1, Palermo convirtió los dos goles y el equipo alcanzó la cima del mundo. Riquelme asistió en uno de ellos y los festejos fueron compartidos. No hubo gestos públicos de conflicto ni declaraciones que avalaran esa versión, que con los años fue perdiendo sustento.