El Gran Mendoza refleja un deterioro estructural donde la inversa del coeficiente de Engel (ICE) cayó de 2,52 en 2016 a 2,37 en marzo de 2026. Es decir: los mendocinos destinan una porción mayor de sus ingresos a la subsistencia alimentaria, reduciendo el margen para otros bienes y comprimiendo la brecha entre la pobreza y la indigencia.
La dinámica de precios en el Gran Mendoza revela una presión constante sobre el presupuesto familiar, donde la relación entre alimentos y servicios básicos se mantiene en tensión. El análisis de la Canasta Básica Total (CBT), condicionada por la inversa del coeficiente de Engel, marca la pauta de una economía regional que lucha por sostener niveles mínimos de consumo.
El peso de la comida
En el último registro correspondiente a marzo de 2026, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) alcanzó los $183.449,06, lo que representa el umbral mínimo para que un adulto no caiga en la indigencia en la provincia. Este valor no solo es un indicador de nutrición, sino el núcleo sobre el cual se construye el cálculo de la pobreza a través de un factor determinante: el coeficiente de Engel.
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Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
Este coeficiente establece la proporción del gasto que un adulto equivalente destinan a la alimentación en comparación con otros bienes y servicios. Históricamente, en épocas de alta inflación, esta proporción tiende a aumentar, dejando menos margen para transporte, educación o vestimenta. En la serie estadística de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), se observa cómo este multiplicador —la inversa del coeficiente de Engel (1/CdE)— ha fluctuado para intentar reflejar la realidad del bolsillo mendocino.
Radiografía de una década de ajustes
Si retrocedemos a septiembre de 2016, la inversa del coeficiente se situaba en 2,52, lo que significaba que el gasto total de un hogar era aproximadamente dos veces y media su gasto alimentario. Por aquel entonces, la CBT apenas superaba los $3.725. Sin embargo, el deterioro del poder adquisitivo y el encarecimiento de los servicios regulados han modificado esta estructura.
Hacia finales de 2023, coincidiendo con periodos de fuerte devaluación, el coeficiente mostró una caída en su capacidad multiplicadora, llegando a niveles de 2,35 en diciembre de ese año. Esto sugiere que, ante la emergencia, el gasto se concentra casi exclusivamente en la supervivencia alimentaria, reduciendo el peso relativo de otros consumos no alimentarios dentro de la canasta total. En marzo de 2026, el valor de la inversa se ubicó en 2,37, consolidando una tendencia de retracción frente a los niveles de hace una década.
De la supervivencia a la estabilidad
El salto nominal en los últimos dos años es estremecedor. Mientras que en enero de 2024 la CBT se posicionaba en $178.487, para el mismo mes de 2026 la cifra trepó a $403.612. Este incremento de más del doble en el costo de vida de un adulto pone bajo la lupa la efectividad de las políticas de ingresos en Mendoza.
La inversa del coeficiente de Engel actual indica que por cada peso destinado a comida, se requieren $1,37 para cubrir el resto de las necesidades básicas. Si este coeficiente continúa descendiendo, el riesgo es que la brecha entre la línea de indigencia y la de pobreza siga achicándose, no porque la gente gane más, sino porque el consumo se vuelve cada vez más primario y restrictivo.
Perspectivas para el semestre
Los datos actualizados al 14 de abril de 2026 sugieren una estabilización precaria. Tras el pico de inflación inercial, los valores de la CBA han comenzado a moverse a un ritmo más previsible, aunque el acumulado sigue siendo una barrera infranqueable para los sectores informales. El seguimiento de la DEIE será crucial para determinar si la inversa del coeficiente de Engel recupera terreno, lo que indicaría una mejora en la capacidad de consumo de bienes secundarios, o si se mantiene en los niveles críticos actuales, reflejando una economía de subsistencia.