En pleno inicio de las vacaciones de verano, Flybondi volvió a quedar en el centro de las críticas. Entre el jueves y el lunes, la aerolínea low cost canceló 125 vuelos domésticos y regionales, lo que representa casi una cuarta parte de su programación prevista para esos cinco días en este país. La medida afectó a más de 22.000 pasajeros, que se encontraron con sus planes truncados justo cuando los aeropuertos rebosaban de valijas y expectativas.
La compañía atribuyó la situación a “cuestiones operativas y de disponibilidad de flota”. Sin embargo, el malestar entre los usuarios fue inmediato. El viernes, el cierre temporal del aeropuerto de Ezeiza agravó el panorama y generó un efecto dominó que se extendió durante todo el fin de semana. Solo el lunes se suspendieron 30 vuelos, un número que dimensiona la magnitud del problema.
Desde Flybondi aseguraron que el foco estuvo puesto en reubicar a los pasajeros afectados en los vuelos más próximos, aunque reconocieron que la alta ocupación típica de la temporada complicó esa tarea.
El modelo de Flybondi
Fundada en 2018 bajo la política de cielos abiertos del gobierno de Mauricio Macri, Flybondi fue pionera en el modelo low cost en Argentina y abrió el camino para la llegada de JetSmart. Su estrategia de tarifas agresivas le permitió crecer rápido, pero también acumuló una larga lista de conflictos operativos.
En diciembre pasado, la aerolínea ya había protagonizado otro episodio de cancelaciones masivas: 70 vuelos suspendidos en apenas tres días. Y aunque en 2025 mostró cierta mejora respecto al año anterior, los números siguen incomodando.
Un ranking de la firma Amadeus la ubicó como la segunda aerolínea más impuntual del país, detrás de Boliviana de Aviación, con una tasa de cancelaciones del 6,4%. A fines de 2024, la cifra era aún más crítica: uno de cada diez vuelos programados no llegaba a despegar.
Imagen y crisis financiera
La compañía intenta dejar atrás la crisis financiera que la golpeó desde octubre de 2023 y que la puso bajo fuerte escrutinio público. En paralelo, anunció un ambicioso plan de expansión: la compra de 35 aviones nuevos a Airbus y Boeing por US$ 1.700 millones, con el objetivo de ampliar su capacidad en un 230% en los próximos cuatro años.
Mientras tanto, los pasajeros siguen siendo los principales perjudicados. La promesa de democratizar el acceso al avión —Flybondi suele destacar que uno de cada cinco de sus clientes voló por primera vez gracias a su modelo low cost— se enfrenta a la dura realidad de cancelaciones, impuntualidad y un servicio que, por ahora, no logra despegar del todo.