Qué es el Estrecho de Ormuz: 33 kilómetros que deciden el precio del petróleo y cuánto saldrá llenar el tanque
Por el Estrecho de Ormuz circula el 20% del petróleo mundial. Controlado geográficamente por Irán y Omán, es hoy un atolladero de barcos.
PorElEditor Mendoza
10 de marzo de 2026 - 10:30
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En el mapa del planeta, hay lugares que, pese a su tamaño reducido, concentran un poder descomunal. El Estrecho de Ormuz es uno de ellos. Apenas un paso marítimo de unos 33 kilómetros de ancho, encajado entre Irán y Omán, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Su geografía angosta lo convierte en un “cuello de botella” estratégico, pero su relevancia no se mide en kilómetros, sino en barriles: por allí transita cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo.
Embed - El factor geográfico del estrecho de Ormuz
Geopolítica en tensión permanente
Su ubicación lo convierte en un escenario de tensiones recurrentes. Irán controla la ribera norte y ejerce una influencia decisiva sobre el tráfico marítimo. Ante conflictos regionales, las amenazas de bloqueo o ataques a buques se convierten en un recurso de presión. La fragilidad de esta vía es tal que cualquier interrupción, incluso parcial, dispara la alarma en los mercados financieros y en las cancillerías del mundo.
Las alternativas son escasas. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han construido oleoductos para sortear el estrecho, pero su capacidad es limitada frente al volumen que diariamente depende de este paso. Por eso, cada vez que se menciona la posibilidad de un cierre, el planeta entero contiene la respiración.
Irán y el fantasma del cierre
¿Qué ocurriría si el estrecho se cerrara? La respuesta es clara: un shock energético global. Los precios del petróleo y el gas se dispararían, arrastrando inflación, volatilidad financiera y crisis en las cadenas de suministro de alimentos y fertilizantes. Asia y Europa serían las regiones más golpeadas, pero el impacto se sentiría en todos los rincones del planeta.
Ya se han vivido episodios que anticipan ese escenario. En medio de conflictos recientes, el tráfico se redujo drásticamente: de un promedio de 60 petroleros diarios, apenas cinco lograron cruzar en jornadas críticas. El resultado fue inmediato: alzas históricas en el precio de la gasolina en Estados Unidos, comparables solo con el huracán Katrina en 2005, y un repunte global que superó incluso el impacto inicial de la guerra en Ucrania.
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¿Por qué Europa está en alerta máxima?
A diferencia de crisis anteriores, la Europa de 2026 se encuentra en una posición paradójica.
Aunque ha reducido su dependencia directa del petróleo de la región, el impacto sigue siendo devastador por tres razones principales:
1. La Crisis del GNL: Tras alejarse del gas ruso en 2022, Europa apostó fuertemente por el GNL. Qatar, que exporta casi todo su gas por Ormuz, se convirtió en un pilar de la seguridad energética europea. Un bloqueo prolongado significa que el precio del gas en el continente podría subir (como ya ocurrió esta semana con un salto del 40%).
2. Inflación Importada: El petróleo es una materia prima global. Si el barril de Brent supera los USD 100, el coste de transporte y producción en Europa se dispara, amenazando con una nueva espiral inflacionaria justo cuando el Banco Central Europeo empezaba a estabilizar la economía.
3. El "Factor Putin": Analistas advierten que un Ormuz cerrado beneficia indirectamente a Rusia. Al secarse la oferta del Golfo, el petróleo ruso (incluso bajo sanciones) se vuelve indispensable y más caro, financiando indirectamente el esfuerzo bélico de Moscú mientras Europa "paga la factura".
La guerra y el riesgo de la mayor interrupción de la historia
Los ataques en Medio Oriente, sumados a la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, han puesto al estrecho en el centro de la tormenta. Analistas energéticos advierten que esta coyuntura podría convertirse en la mayor interrupción del suministro de petróleo de la historia. No se trata de tres millones de barriles rusos, como en el conflicto de Ucrania, sino de veinte millones de barriles diarios que dependen de este paso.
La vulnerabilidad se acentúa por la estrechez real de las rutas de navegación: aunque el canal mide 34 kilómetros en su punto más angosto, los superpetroleros apenas disponen de tres kilómetros de ancho en cada dirección, obligados a transitar por aguas territoriales iraníes y omaníes.
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El factor China y la dimensión global
China, el mayor importador mundial de crudo y principal comprador de petróleo iraní, observa con preocupación cada movimiento en la zona. Un cierre prolongado no solo afectaría su economía, sino que podría desencadenar tensiones diplomáticas de gran escala. De hecho, Beijing ha instado públicamente a las partes a cesar operaciones militares y garantizar la seguridad de la navegación.
Un estrecho que define el pulso del planeta
El Estrecho de Ormuz es mucho más que un paso marítimo: es un termómetro de la estabilidad global. Cada amenaza, cada ataque, cada rumor de cierre se traduce en fluctuaciones de precios, en nerviosismo financiero