La industria automotriz argentina atraviesa uno de sus momentos más catastróficos en los últimos años. El informe mensual de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) reveló que en febrero la producción de vehículos se desplomó un 30,1% respecto al mismo mes de 2025, profundizando una caída que ya se había registrado en enero. Las cifras son contundentes: apenas 29.632 unidades salieron de las plantas durante el segundo mes del año, frente a las más de 42.000 fabricadas un año atrás. La noticia se conoce cuando en paralelo crece el boom de los autos chinos.
Aunque el número representa una mejora del 41,1% respecto a enero —cuando la producción se había reducido a 20.998 vehículos—, el balance del primer bimestre es negativo: 50.630 unidades, un 30,1% menos que en el mismo período del año pasado.
El golpe también se sintió en las exportaciones. En febrero se enviaron al exterior 15.991 unidades, equivalentes al 54% de la producción mensual. La cifra marca una baja interanual del 28,9%, aunque con una recuperación respecto a enero. En el acumulado de los dos primeros meses de 2026, el saldo exportador muestra una caída del 23,4%.
La preocupación se extiende más allá de los números. El Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) advierte por el impacto en los puestos de trabajo y en la subsistencia de la cadena autopartista, que ya sufre suspensiones y despidos en las principales fábricas del país.
Un escenario complejo, con caída en la demanda
Desde Adefa, su presidente Rodrigo Pérez Graziano intentó transmitir calma: “Es fundamental seguir trabajando de manera sostenida con toda la cadena de valor y el Gobierno en la agenda del sector, avanzando en las mejoras estructurales que acompañen la evolución de la competitividad”. Sin embargo, puertas adentro, las automotrices reconocen que los parates programados y la caída de la demanda configuran un escenario complejo.
Un sector estratégico en jaque
La crisis automotriz se convierte así en un termómetro de la economía nacional: un sector estratégico que, entre suspensiones y exportaciones en baja, refleja las tensiones de un modelo productivo que busca sostenerse en medio de la incertidumbre.