El consumo masivo en Argentina ha ingresado en una fase de metamorfosis profunda. Lo que antes era un hábito arraigado de stockeo mensual en grandes supermercados se ha transformado en una estrategia de supervivencia diaria.
-El consumo repunta pero el bolsillo evita el supermercado
-Los argentinos optan por compras de cercanía y priorizan el pago de servicios ante el ajuste
El consumo masivo en Argentina ha ingresado en una fase de metamorfosis profunda. Lo que antes era un hábito arraigado de stockeo mensual en grandes supermercados se ha transformado en una estrategia de supervivencia diaria.
En un contexto donde el poder adquisitivo se encuentra bajo asedio, los consumidores han comenzado a dar la espalda a las góndolas de las grandes cadenas para refugiarse en el comercio de cercanía, una tendencia que los analistas ya no ven como algo pasajero, sino como un cambio de mediano y largo plazo.
A pesar del pesimismo que impera en los bolsillos, los datos más recientes arrojan señales incipientes de recuperación. Damián Graziano, director comercial de Nielsen para la región, describe el panorama actual como una etapa de transición donde se percibe un leve repunte interanual del 1%. Este "brote verde" surge tras una fuerte desaceleración que se prolongó durante todo el segundo semestre del año pasado.
Lo más relevante de este fenómeno es la composición de lo que se compra. Si antes el repunte era traccionado por artículos prescindibles como snacks o golosinas, hoy la tendencia se asienta sobre alimentos básicos y bebidas. Esto configura una canasta mucho más funcional y consolidada, aunque el crecimiento sea modesto y obligue a los especialistas a mantener una postura conservadora de cara al futuro cercano.
El núcleo del cambio reside en el canal de venta. Mientras que las grandes superficies de supermercados continúan mostrando números en retroceso, los autoservicios y almacenes de barrio se han vuelto inusualmente atractivos. Esta migración responde a una necesidad imperiosa de control: el bolsillo está tan ajustado que el consumidor prefiere la tienda chica, donde la visita es frecuente y el gasto total por ticket es más fácil de vigilar.
La brecha de precios también juega un papel fundamental en este desplazamiento. Aunque la aceleración inflacionaria se siente en todos los canales, en los autoservicios las variaciones han sido ligeramente menores, capturando así la atención de quienes buscan estirar cada peso. Es la derrota del consumo aspiracional frente a un consumo puramente funcional, donde la marca y la experiencia de compra pasan a un segundo plano.
La explicación técnica de esta caída en el consumo masivo se encuentra en los costos fijos. Existe una correlación casi lineal entre el aumento de las tarifas de servicios públicos y la capacidad de compra de productos de primera necesidad. El dinero que las familias antes destinaban a llenar el changuito hoy debe derivarse de forma obligatoria al pago del transporte, la luz o el gas. Esta transferencia de recursos ha dejado al mercado con menos pesos circulantes, un impacto que se siente no solo en la demanda, sino también en la oferta.
La crisis ya se refleja en el paisaje comercial argentino con el cierre de entre 600 y 700 tiendas a nivel nacional, afectando especialmente a rubros secundarios como las perfumerías. Incluso en los sectores de mayores ingresos, el consumo masivo ha dejado de ser una prioridad. Los estratos socioeconómicos más altos están hoy más enfocados en la inversión de bienes durables, como autos o propiedades, o en el turismo, retirando su tracción del mercado de productos cotidianos.