La industria hidrocarburífera de Mendoza atraviesa un momento de redefiniciones profundas. En pocas semanas, dos decisiones revelan el cambio de rumbo de la actividad: por un lado, el Gobierno provincial aprobó la prórroga por diez años de las concesiones en las áreas “Piedras Coloradas–Estructura Intermedia” y “Cacheuta”, operadas por Venoil S.A.; por otro, YPF avanzó con el denominado Plan Andes, una estrategia de abandono de pozos maduros que implicó la cesión de bloques estratégicos y la salida de la petrolera estatal de zonas convencionales.
Regalías según el precio de mercado
El Decreto 58, firmado el 16 de enero por Alfredo Cornejo, formalizó la extensión de las concesiones de Venoil S.A. en dos áreas consideradas maduras y marginales. La medida se sustentó en informes técnicos que confirmaron el cumplimiento de la empresa en materia de inversiones, pago de regalías y obligaciones ambientales durante la prórroga anterior.
El nuevo acuerdo contempla un plan de inversión de 19,4 millones de dólares en Piedras Coloradas y 5,6 millones en Cacheuta, destinados a reactivar pozos inactivos, refaccionar instalaciones y aplicar proyectos de recuperación secundaria. A ello se suma el pago de un bono de prórroga de 360.000 dólares en total, un esquema de regalías variables atado al precio internacional del crudo.
Lo que debe entregar la empresa
La empresa debe cumplir con la entrega de un vehículo 4x4 en comodato y también asumir capacitaciones técnicas para el personal de la Dirección de Hidrocarburos.
El decreto incorpora cláusulas de protección ambiental, seguro obligatorio por daño ecológico y sanciones ante incumplimientos graves. En palabras del Ejecutivo, la prórroga se ajusta al interés público y al dominio provincial sobre los recursos naturales.
El retiro de YPF: el impacto del Plan Andes
Bajo el paraguas del Plan Andes, lanzado en 2025, la petrolera estatal decidió desprenderse de yacimientos de baja productividad para concentrar su capital en Vaca Muerta, el motor estratégico de la política energética nacional.
En la provincia, esa estrategia se tradujo en la cesión del clúster Malargüe a Venoil S.A. y en el abandono de bloques como Mendoza Norte, Llancanello y Mendoza Sur. El impacto es múltiple: económico, porque la provincia dejó de percibir regalías equivalentes a medio Portezuelo del Viento; social, por la caída de cientos de contratos laborales; y ambiental, dado que no se recibieron fondos para la remediación y cierre de los pozos abandonados.
El proceso no se limitó a Mendoza. En paralelo, YPF transfirió el área Manantiales Behr en Chubut a Limay Energía S.A. y completó la salida de siete áreas convencionales en Tierra del Fuego, ahora operadas por Terra Ignis. La apuesta es clara: alcanzar exportaciones energéticas por 30.000 millones de dólares anuales hacia 2031, concentrando esfuerzos en la producción no convencional.
Mendoza en una encrucijada
La prórroga de concesiones garantiza cierta estabilidad productiva, pero el abandono de pozos por parte de YPF plantea interrogantes sobre la sustentabilidad de la actividad y la reparación de pasivos ambientales.
Mendoza se encuentra en una encrucijada: sostener la producción en áreas maduras con operadores privados, mientras enfrenta las consecuencias de la retirada de su principal actor histórico. La transición energética, marcada por la concentración en Vaca Muerta, deja a la provincia con el desafío de redefinir su rol en el mapa petrolero nacional.