Galería de fotos: viaje a las entrañas del ExD2, epicentro de la represión donde hoy florece la memoria
El ExD2 fue el Centro Clandestino de Detención del oeste argentino. Hoy convertido en Espacio para la Memoria se pueden recorrer sus calabozos.
PorElEditor Mendoza
24 de marzo de 2026 - 07:00
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El recorrido por el ExD2 incluye los calabozos por donde pasaron cientos de mendocinas y mendocinos perseguidos en Mendoza.
Luis Vigazzola / ElEditor Mendoza
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El silencio del Palacio Policial en pleno centro de Mendoza guarda todavía ecos de un pasado que se niega a desaparecer. Allí, donde funcionó el ExD2, el temido Departamento de Informaciones, hoy se levanta el Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos. A una década de su creación, más de veinte mil personas han atravesado sus pasillos, escuchado las voces de sobrevivientes y convertido el horror en aprendizaje colectivo.
Entrar al ExD2 es enfrentarse a una arquitectura brutalista que fue diseñada para la eficiencia administrativa, pero que también sirvió como engranaje del aparato represivo. Las escaleras, los entrepisos y los calabozos hablan por sí mismos. Cada rincón recuerda que, durante la última dictadura, las patotas salían de noche en autos sin identificación, secuestraban personas y las traían con los ojos vendados y las manos atadas. El ripio del estacionamiento era la primera textura del cautiverio.
"Si observan con detenimiento desde afuera no podemos ver las oficinas pero ellos desde allí, sí nos pueden ver a nosotros", señala una de las guías del recorrido por el edificio del que fue parte ElEditor Mendoza.
EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (23)
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EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (24)
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EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (27)
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EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (29)
Dentro del edificio, el recorrido del horror tenía su propio ritmo. Golpes, gritos y humillaciones acompañaban el traslado de las víctimas desde los calabozos hasta la sala de torturas. Los interrogatorios incluían picana eléctrica, asfixias, abusos sexuales, entre otros horrores. La falta de comida, agua, acceso a la higiene y abrigo era parte del castigo cotidiano. Para las mujeres, la violencia sexual fue sistemática. Todo ocurría mientras, en la planta baja, la sociedad mendocina tramitaba documentos como la cédula provincial o el certificado de “buena conducta”.La fachada pública convivía con el subsuelo del horror.
La doble cara del edificio
Ese contraste sigue sorprendiendo a quienes visitan hoy el Espacio para la Memoria. La doble función del edificio —administrativa y represiva— se revela en cada recorrido.
Cada recorrido es distinto porque quienes guían ponen el cuerpo y la voz. “Es fuerte escuchar los relatos de las cosas vivenciadas donde hoy estamos parados. También es bueno haber recuperado este lugar para que no se pierda la memoria”, señalaron a este diario Macarena Casals y Romina Cucchi, dos de las guías de los recorridos en el EMP. La experiencia no es solo informativa: es un ejercicio de justicia simbólica. Hablar en primera persona es una forma de reparar, de sostener la verdad frente a la negación y de reafirmar el compromiso con la justicia. "Atraviesa el cuerpo de quienes hacen el recorrido", insisten las guías.
EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (10)
Luis Vigazzola / ElEditor Mendoza
EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (11)
Luis Vigazzola / ElEditor Mendoza
EXD2 - Espacio Para la Memoria y Derechos Humanos (18)
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La memoria: una práctica viva
El Espacio para la Memoria ex-D2 cumple diez años con una certeza: la memoria no es un relato estático del pasado, sino una práctica viva. Cada visitante que atraviesa sus pasillos se convierte en testigo de un tiempo que no debe repetirse. La transmisión oral de los sobrevivientes, el contacto directo con los lugares donde se ejerció el terror y la reflexión colectiva son las herramientas que mantienen encendida la llama de la memoria.
Símbolo de resistencia
En Mendoza, el Ex-D2 es hoy un símbolo de resistencia y de pedagogía social. Lo que antes fue un engranaje del terrorismo de Estado, ahora es un espacio de aprendizaje y de construcción democrática. La cifra de más de veinte mil visitantes en una década habla de un interés creciente por comprender y asumir el pasado. El sitio se ha consolidado como un lugar donde el horror se resignifica en compromiso, y donde cada paso por sus escaleras recuerda que la memoria es también una forma de justicia.