El automovilismo no tiene memoria y, mucho menos, piedad. Mientras el mundo sigue encandilado con el ascenso meteórico de Franco Colapinto, aquel que supo ser su "socio" y rival interno en la estructura de Alpine, Jack Doohan, acaba de confirmar que su 2026 será muy distinto al que soñaba.
Sin lugar en la grilla de la Fórmula 1 y tras un paso errático por pruebas privadas, el australiano mudo sus ambiciones a la European Le Mans Series (ELMS).
Un cambio de aire obligado tras el caos en Japón
La noticia cayó como un balde de agua fría para quienes veían en el hijo del legendario Mick Doohan a la próxima estrella oceánica. El australiano no solo perdió su vínculo definitivo con Alpine -el equipo que prefirió reestructurarse antes que darle la confianza total- sino que viene de un cierre de año para el olvido.
Sus recientes test en la Super Formula japonesa en Suzuka fueron un síntoma de alarma: dos choques en el mismo sector del circuito dejaron dudas flotando en el paddock sobre su confianza actual. Ante este escenario, la resistencia no aparece como una elección, sino como un salvavidas profesional para mantenerse activo mientras cumple el rol de piloto de reserva en Haas.
El nuevo desafío: Le Mans en el horizonte
Doohan se integrará al equipo Nielsen Racing para conducir un prototipo Oreca LMP2 (el número 24). Compartirá butaca con el británico Ed Pearson y un viejo conocido de la Fórmula 2, Roy Nissany. El debut está marcado para el 12 de abril en las 4 Horas de Barcelona, justamente en el mismo asfalto donde la F1 suele medir fuerzas. Para Jack, este movimiento es un arma de doble filo:
- La oportunidad: La resistencia permite demostrar madurez y gestión de ritmo, ideal para "limpiar" la imagen de piloto propenso a errores.
- El riesgo: Alejarse de los monoplazas de élite suele ser un camino de ida. Pocos logran volver a ser candidatos a un asiento titular en la "Máxima" una vez que entran en el ecosistema de los prototipos con techo.
El contraste inevitable con el fenómeno argentino
Es imposible no trazar el paralelismo. Mientras Franco Colapinto capitalizó cada oportunidad en Alpine y Williams para demostrar que está a la altura de los mejores del mundo, Doohan parece haber quedado atrapado en la burocracia de los contratos y la falta de resultados contundentes en momentos clave. Hoy, Doohan reparte sus días entre el simulador de Haas -donde comparte tareas de reserva con Ryo Hirakawa- y la preparación física para carreras de larga duración.
Su salida de Alpine marca el fin de una era para la academia francesa, que vio cómo sus talentos se dispersaban ante la falta de un proyecto sólido. El 2026 será el año en que Jack Doohan deba demostrar si es un piloto con madera de F1 que sufrió un traspié, o si su techo estaba más cerca de los prototipos de lo que muchos querían admitir.