La industria cervecera argentina atraviesa uno de los momentos más difíciles de las últimas décadas. La retracción del consumo, el fuerte aumento de los costos operativos y la presión de las importaciones configuran un escenario complejo que afecta tanto a las cadenas artesanales como a las grandes compañías industriales.
El caso más resonante en las últimas semanas fue el de Antares, la reconocida cadena de cervecerías artesanales. La empresa anunció el cierre de dos locales emblemáticos: uno en La Plata y otro en Mar del Plata, no hay definiciones sobre el futuro de los locales en Mendoza. El establecimiento platense, inaugurado en 2005, se convirtió en un punto de encuentro para los amantes de la cerveza artesanal. Sin embargo, la caída de las ventas y el incremento de los gastos fijos, especialmente alquileres y tarifas de servicios, hicieron inviable su continuidad.
Ciudades golpeadas por la crisis
Durante 2024, Antares ya había bajado las persianas de otros locales en Diagonal 74, City Bell y Ensenada, todos afectados por la misma combinación de factores: consumo retraído y gastos en alza. La situación se replicó en Mar del Plata, donde la marca confirmó el cierre de su tradicional local en Playa Grande, que dejará de operar el próximo 18 de abril tras dos décadas de actividad. Para muchos marplatenses, se trata de un golpe simbólico, ya que ese espacio había sido pionero en la difusión de la cultura cervecera artesanal.
La crisis no se limita al universo artesanal. Cervecería y Maltería Quilmes, la compañía industrial más grande del país, también comenzó a implementar ajustes frente a la caída del consumo. A fines de febrero, la empresa anunció un fuerte recorte en su planta de Zárate, donde reducirá su dotación de 260 a unos 80 trabajadores mediante un programa de retiros voluntarios y disminuirá su esquema de producción de tres turnos diarios a uno.
De acuerdo con la información difundida en ese momento, la medida respondió a una caída del 45% en las ventas y a problemas financieros derivados tanto de la retracción del consumo como del aumento de la competencia por la mayor apertura de importaciones.
Importaciones en alza
El sector cervecero enfrenta además una mayor presión competitiva externa. Según datos elaborados por el Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien) sobre estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), las importaciones de cerveza crecieron un 293% durante el primer trimestre de 2025. Esta cifra refleja el impacto de la apertura comercial en un mercado que ya se encuentra debilitado por la crisis interna.
Futuro incierto y cierre de locales
En este contexto, tanto las cadenas artesanales como las grandes compañías se ven obligadas a replantear sus estrategias. Mientras unas cierran locales históricos y otras reducen personal, el futuro del negocio cervecero argentino aparece marcado por la incertidumbre. Lo que alguna vez fue símbolo de expansión y consumo popular, hoy se enfrenta a un panorama en el que la supervivencia parece ser el único objetivo inmediato.