Últimos datos del INV.

Inesperado salvavidas: el tetra brick y el vino de mesa sostienen el consumo en un mercado que se derrumba

El consumo de vino se sostiene en Mendoza gracias al repunte del vino común, mientras los varietales sufren una caída histórica.

El Editor Mendoza | Gabriela Valdés
Por Gabriela Valdés
20 de mayo de 2026 - 07:53

Durante el primer trimestre de 2026, los despachos de vino al mercado interno registraron un leve e incipiente repunte en volumen del 1,5% en comparación con el mismo período del año anterior, según datos del INV. En marzo, la suba interanual llegó incluso al 8,4%, alcanzando los 603.391 hectolitros comercializados. Sin embargo, detrás de una incipiente recuperación no hay una fiesta de descorche, sino una estrategia de supervivencia familiar propia de estos tiempos de erosión salarial: los mendocinos y los argentinos están volcándose masivamente a los vinos más baratos y sólo por eso la industria salva la ropa. Se trata de una tendencia que se consolida y cuyo trasfondo es la profunda crisis que atraviesa el sector vitivinícola.

El motor exclusivo de este incremento trimestral ha sido el vino sin mención varietal —el históricamente denominado "vino de mesa" o común—, cuyos despachos crecieron un 5,8% acumulado. Esta categoría económica ya representa un abrumador 72,9% de todo el vino que se vende en el país. En paralelo, los espumosos aportaron un moderado avance del 5,1% y otros productos como los cócteles vínicos subieron un 9,6%. En la práctica, ante la devaluación cotidiana del bolsillo, los hogares no resignaron el hábito de consumo por completo, sino que aplicaron una recomposición interna: bajaron un escalón en el precio y cambiaron la etiqueta selecta por el Tetra Brik o la botella genérica.

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Los varietales sienten el golpe de la crisis económica

La contracara de este fenómeno es la auténtica debacle que sufren los segmentos de mayor precio, un síntoma directo de la severa caída del poder adquisitivo de la población. Los datos del INV detallan que los vinos varietales —aquellos que dotan de prestigio, identidad y mayor margen de rentabilidad a las bodegas locales— se derrumbaron un 10% en el acumulado del primer trimestre.

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Esta pérdida de terreno de los varietales, que cedieron más de tres puntos porcentuales de participación de mercado en favor del vino común, evidencia la alta "elasticidad-ingreso" del producto: cuando la economía se contrae, el consumidor recorta inmediatamente lo que percibe como un gasto suntuoso. Las botellas de autor y los varietales color de gama media y alta quedan quietos en las góndolas mientras los grandes comercios priorizan sus propios márgenes y las bodegas intentan contener los precios para evitar una parálisis total. El resultado es una peligrosa paradoja sectorial: se mueve más volumen de líquido en los camiones, pero la capacidad de generar valor real y rentabilidad para la cadena productiva está seriamente estancada.

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Los salarios alicaídos influyen en la baja del consumo del vino que viene registrándose en los últimos meses.

Los salarios alicaídos influyen en la baja del consumo del vino que viene registrándose en los últimos meses.

La crisis de la industria madre de Mendoza

La crisis y la reconfiguración del consumo también están redibujando el mapa de la producción regional, acelerando un proceso de concentración territorial sin precedentes. Mendoza ratifica su liderazgo absoluto y, de hecho, actúa como una aspiradora del mercado interno: el 90,6% del vino comercializado en el país durante el período analizado provino de bodegas mendocinas.

La provincia creció un 11,3% acumulado en sus despachos trimestrales, un rendimiento muy por encima del promedio nacional, impulsado fundamentalmente por un incremento del 17% en sus ventas de vinos de mesa. Pero este fenómeno tiene un reverso amargo para el resto de las provincias vitivinícolas. Mientras Mendoza se fortalece en el segmento masivo, vecinas históricas como San Juan sufren un colapso dramático, registrando una caída acumulada en sus ventas del 52% en lo que va de 2026.

Un mercado con múltiples amenazas competitivas

A este complejo panorama doméstico se le suman nuevas amenazas competitivas, como el explosivo crecimiento de las importaciones de vinos fraccionados —que escalaron más de un 339% el año pasado, principalmente desde Chile— y el avance de hábitos saludables que posicionan a sustitutos como la cerveza sin alcohol, un nicho que expandió su consumo un 60%.

Con el 70% de la producción nacional dependiente del consumo interno, los analistas de Centro de Economía Política Argentina que compilaron los datos del INV advierten que el repunte actual es "parcial y frágil". Sostener la estructura vitivinícola sobre los hombros de los productos más baratos del mercado puede aliviar los despachos mensuales, pero no garantiza la sustentabilidad del empleo ni las inversiones a mediano plazo. Para la principal industria de Mendoza, el verdadero desafío de este año no será simplemente vender más litros, sino lograr que los argentinos recuperen el poder de compra necesario para volver a elegir un buen varietal.

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