La industria textil atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años, a partir de que entre enero y julio de 2026, la producción cayó 22,6% respecto del mismo período del año pasado, una contracción que dejó al sector incluso por debajo de los niveles registrados durante la pandemia.
El dato surge de un informe de la Fundación Pro Tejer y se encuentra en línea con la evolución de los indicadores industriales relevados por el INDEC. Mientras la actividad manufacturera en general retrocedió 2,6% durante el mismo período, la caída de la cadena textil fue considerablemente mayor.
El escenario no se limita a un mal mes, ya que, la producción textil acumula 13 meses consecutivos de caídas interanuales, mientras que en julio registró una baja del 13%. De esta manera, el período enero-julio de 2026 quedó como el peor para la actividad desde el comienzo de la serie estadística disponible.
¿Qué está pasando dentro de las fábricas?
La caída atraviesa distintos segmentos de la cadena. Entre enero y julio, la producción de productos textiles tejidos y terminados cayó 35,1%, mientras que la elaboración de hilados de algodón retrocedió 17,5%. También se registraron bajas en la preparación de fibras y en otros productos textiles.
A esto se suma una menor utilización de la capacidad instalada. Durante los primeros meses del año, distintas ramas de la industria textil trabajaron con una parte importante de sus instalaciones sin utilizar, un indicador que refleja la menor demanda y la reducción del nivel de actividad.
Desde el sector plantean que uno de los principales problemas está relacionado con el crecimiento de las importaciones y la competencia de productos provenientes del exterior, especialmente en segmentos vinculados a la indumentaria y los textiles para el hogar.
La mayor presencia de productos importados se combina además con un escenario de consumo más limitado, lo que genera presión sobre las empresas nacionales que deben competir por un mercado más chico.
El impacto sobre el empleo
El retroceso productivo también tuvo consecuencias sobre el empleo, de acuerdo con los datos disponibles, la cadena textil, de confecciones, cuero y calzado perdió 28.322 puestos de trabajo desde diciembre de 2023, mientras que distintas empresas y establecimientos redujeron su actividad o directamente dejaron de operar.
Dentro del sector textil en particular, el empleo registrado pasó de 58.984 trabajadores en el primer trimestre de 2025 a 51.884 durante el mismo período de 2026. Son unos 7.100 puestos menos en un año y el nivel más bajo para esa actividad desde 2004.
La situación también alcanza a las empresas dedicadas a la confección, que durante el mismo período registraron una nueva pérdida de puestos laborales.
El impacto, de esta manera, no queda únicamente en las estadísticas de producción. La menor actividad de las fábricas repercute sobre toda la cadena, desde la elaboración de fibras e hilados hasta la confección, distribución y comercialización de prendas.
Importaciones y un mercado más competitivo
Uno de los puntos centrales de la discusión es el crecimiento de la oferta importada. Durante 2025, las importaciones textiles aumentaron con fuerza y esa tendencia continuó condicionando a los productores locales durante 2026.
Desde la industria sostienen que la competencia externa se volvió más difícil de afrontar en un contexto donde las empresas nacionales tienen costos de producción elevados y una demanda interna que todavía no recuperó los niveles necesarios para sostener el ritmo de actividad.
La contracara aparece en los consumidores, que encuentran una oferta más amplia y, en algunos casos, precios más bajos en determinados productos. Para el sector industrial, sin embargo, esa dinámica puede profundizar el proceso de cierre de fábricas y pérdida de puestos de trabajo si no logra recuperarse la producción local.
El dato que resume el escenario es contundente. La industria textil no solamente produjo menos durante los primeros siete meses del año, sino que quedó por debajo incluso de los niveles registrados durante la pandemia, cuando la actividad industrial había sufrido una de sus mayores interrupciones de las últimas décadas.
Con una producción en retroceso, menor utilización de las fábricas, caída del empleo y mayor competencia de productos importados, el desafío para la cadena textil será encontrar un piso que permita recuperar actividad y sostener el entramado productivo que todavía permanece en funcionamiento.