El endeudamiento de las familias argentinas tiene una nueva señal de alerta, pero esta vez no aparece solamente en la cantidad de personas que dejaron de pagar. El dato que empieza a llamar la atención es otro: los hogares están refinanciando sus deudas a un ritmo récord para poder seguir pagando.
Según un relevamiento de la Consultora 1816, elaborado a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), hasta julio de 2026 las familias habían refinanciado alrededor de $2,6 billones.
El monto equivale al 3,7% del total del crédito otorgado a los hogares, el nivel más elevado registrado en las últimas décadas.
La diferencia es importante porque refinanciar no significa cancelar una deuda. En términos simples, una familia que no puede afrontar una cuota en las condiciones originales negocia con la entidad y extiende el plazo de pago. De esa manera evita, al menos inicialmente, caer en un atraso mayor.
El problema que queda debajo
El récord de refinanciamiento permite observar una situación que los datos tradicionales de morosidad no siempre muestran con claridad. Hay familias que todavía están pagando, pero necesitan modificar las condiciones originales de sus préstamos para poder hacerlo.
Es decir, una deuda puede no aparecer todavía como un incumplimiento grave porque fue renegociada. Sin embargo, la necesidad de extender los plazos muestra que el ingreso familiar no alcanza para afrontar con comodidad los compromisos asumidos inicialmente.
La Consultora 1816 advierte que este mecanismo incluso puede moderar el crecimiento de la mora durante los próximos meses. Pero eso no significa que el problema desaparezca: quienes refinancian deberán afrontar cuotas durante varios meses antes de recuperar una situación financiera normal.
Casi 6 millones están en mora
El relevamiento también muestra la magnitud del universo de personas con dificultades de pago. A mediados de 2026 había 20,97 millones de deudores, es decir, personas que tenían algún tipo de préstamo.
De ese total, 5,91 millones registraban atrasos superiores a 90 días. La distribución también muestra una diferencia relevante entre los bancos tradicionales y las entidades no bancarias.
Unos 3 millones de morosos correspondían a préstamos bancarios, mientras que alrededor de 4,2 millones estaban vinculados con entidades no bancarias, como financieras y billeteras digitales.
Esto no significa que las entidades no bancarias tengan más dinero prestado. El crédito bancario continúa siendo mucho mayor en términos de monto. La diferencia está en la cantidad de personas que presentan atrasos.
Por qué subió la mora
Otro dato del informe permite evitar una lectura simplista. Para la Consultora 1816, el aumento de la tasa de morosidad no responde únicamente a que haya crecido fuertemente el dinero que las familias dejaron de pagar.
También influye que el volumen total de crédito se redujo en términos reales.
El ejemplo es sencillo: si había $100 de préstamos y $10 estaban en mora, la tasa era del 10%. Si después el crédito total baja a $80, pero esos mismos $10 continúan impagos, la mora pasa a representar el 12,5%.
Por eso, una mayor tasa de morosidad no necesariamente significa que el monto impago haya aumentado en la misma proporción. Parte del deterioro se explica porque hay menos crédito disponible sobre el cual calcular esa relación.
En ese escenario, el récord de refinanciaciones adquiere mayor relevancia: mientras las entidades reducen o endurecen el otorgamiento de nuevos préstamos, muchas familias recurren a extender sus deudas existentes para evitar que el atraso se profundice.