"El arte siempre fue peligroso para los cabrones": historias mendocinas que sobrevivieron la dictadura
- Exilio, desapariciones y teatro clandestino: por qué el arte sigue siendo una herramienta fundamental para mantener viva la memoria.
PorCandela Tiseira
24 de marzo de 2026 - 16:11
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"Aparecidos", muestra de arte de Brian Carlson exhibida en el Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos ex-D2 (2016).
UNCuyo.
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el arte sigue siendo uno de los espacios más potentes para mantener viva la memoria. En Mendoza, actores y gestores culturales recuerdan cómo la dictadura atravesó sus vidas y reflexionan sobre el rol que cumple hoy la cultura para reconstruir esas historias.
Entre quienes atravesaron esos años de persecución está Ernesto Suárez, uno de los actores más reconocidos de la escena teatral mendocina y latinoamericana. Nacido en un hogar humilde, hijo de una madre costurera y trabajadora del servicio doméstico, a quién la dictadura le quitó la posibilidad de decirle un último adiós.
"El exilio es muy triste, pero después aprendes mucho. El exilio me marcó porque me lloré la vida cuando se murió mi madre y no la vi, fue totalmente horrible. Hubo muchísima injusticia", contó a ElEditor.
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Ernesto "El Flaco" Suárez.
Luis Vigazzola / ElEditor Mendoza
En aquellos años, "El Flaco" era director de la Escuela de Teatro de la Universidad Nacional de Cuyo. Convencido de que los estudiantes debían formarse sin depender "de los que estaban acomodados para conseguir sala", decidió dar clases al aire libre: en el parque, en la costanera. Pero esa decisión lo puso rápidamente en la mira.
"Dos pibes jóvenes se bajaron de un auto, cada uno me puso un revolver en la cabeza, me dijeron, ‘Vos estás sacando a los estudiantes a la calle ¿No sabes que eso está prohibido?’ Y respondí, ‘No está prohibido, ¿por qué?’. Me dijeron que si seguía sacando a los estudiantes a la calle me mataban e incluso me amartillaron el revolver, sin balas, para asustarme", recordó.
Por esas amenazas tuvo que huir del país. Primero viajó a Córdoba y desde ahí tomó un tren hacia Socompa, en el límite entre Argentina y Chile. Luego llegó a Perú, donde permaneció un año y medio, y finalmente se instaló en Ecuador hasta el regreso de la democracia.
"Estábamos en un convento, éramos como 12-13 argentinos. Dormíamos en el suelo con mi hija de un año. Pasando tiempo sin comer, yo haciendo payasada y pasando la gorra, me iba a los mercados así me daban alguna verdura o fruta", relató con tristeza.
Durante su estadía en el exterior logró continuar su carrera actoral, mientras se enteraba de lo que ocurría en Argentina a través de las cartas que le enviaba su hermano, como el caso de su primo Eduardo Valverde, cuyos restos fueron recientemente exhumados y reconocidos en Córdoba.
El productor audiovisual Luis Scafati también tuvo que exiliarse del país y contó a ElEditor que el 24 de marzo de 1976 "fue un día donde cambió todo". "Significó que muchos de mis compañeros cayeran presos, que desaparecieran. Mi vida cambió abruptamente porque tuve que irme de Mendoza junto con mi familia, de repente nos encontramos viviendo en otro lugar donde no conocíamos a nadie".
Es traumático. Traumático y difícil Es traumático. Traumático y difícil
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Luis Vigazzola / ElEditor Mendoza
Para Suárez, hablar de Memoria, Verdad y Justicia hoy es una advertencia sobre el presente porque "en cualquier momento se da vuelta la torta y a alguien se le ocurre hacer Donald Trump y entrar a Venezuela. O entrar a tu casa. Protegido por el poder".
A su entender, la sociedad argentina todavía no aprendió del todo de la dictadura, ya que aún persisten quienes sostienen que los desaparecidos "algo habrán hecho". Por eso continúa militando por la memoria a través del teatro en escuelas y cárceles.
Su esposa, Mariu Carrera, contó a ElEditor que militaban juntos en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y formaron el grupo de teatro La Pulga junto con otros artistas como Osvaldo Zuin (desaparecido) y Raquel Herrera (asesinada junto a su esposo en una finca).
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Gentileza.
"Nosotros nos considerábamos trabajadores, no artistas que trabajaban por amor al arte. En aquel momento solamente un comunista o un guerrillero, según ellos, podía pensar así. Así fue como se formó la delegación de la Asociación Argentina de Actores y Actrices aquí en Mendoza, donde Rubén fue el primer Secretario General", explicó.
Para Carrera, profesar un cambio profundo de las estructuras de la sociedad fue lo que desató la persecución de los militares: "Llevábamos el teatro a los lugares donde no llega habitualmente. Salíamos de los lugares comunes del teatro para ir a la calle, a los barrios, a donde la gente no ve teatro, no porque no le guste, sino porque no tiene con qué pagarlo".
Del terror al activismo
"Cuando secuestran a Rubén yo estaba presente. Fue un instante de muchísima violencia. Entró una patota a nuestra casa y se lo llevaron el 21 de octubre de 1976. A partir de ahí empiezo con su mamá, sus hermanos, con mis viejos a buscarlo. Y al mes secuestran a mi hermano Marcelo de su domicilio y a los días a su esposa, Adriana, de la escuela donde ella era profesora de música", recordó con dolor.
Son momentos realmente traumáticos y violentos en la vida de las personas Son momentos realmente traumáticos y violentos en la vida de las personas
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Rubén Bravo.
Gentileza.
Sin embargo, lejos de paralizarla, el dolor se transformó en una lucha constante por la justicia: "Estos genocidas deben haber pensado ‘esta mujer con un niño de 8 meses queda paralizada para siempre’, pero no contaron, dentro de su bestialidad, de su criminalidad, que cuando uno ama profundamente y milita por un mundo más justo, más allá de todo el terror que sembraron, los íbamos a seguir buscando".
Con el tiempo, junto a otras personas que buscaban a sus familiares en comisarías, hospitales y el obispado, comenzaron a organizarse. Así nació Familiares de Detenidos-Desaparecidos por Razones Políticas, desde donde reunieron testimonios y documentos que luego fueron presentados ante la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH).
"Yo reconocí a varios y los denuncié en los juicios por delitos de lesa humanidad. Como varios, algunos ya han muerto, pero otros fueron condenados a cadena perpetua. En Mendoza estamos en el juicio número 13", comentó.
En el marco de la Semana de la Memoria, desde el 12 hasta el 29 de marzo, se está realizando el XXIII (23) Encuentro Internacional de Teatro por la Memoria, un festival con una programación integrada por varias obras y seminarios que trata temáticas sobre Derechos Humanos, Identidad, Historia, Genero y Migraciones.
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Juan Comoti, quien lleva adelante la actividad hace 23 años, afirmó que "el teatro es el arte por autonomía de la memoria colectiva". "La herencia de nuestro teatro independiente tiene que ver con la memoria. Somos hijos de un encuentro que se llamó Teatro Abierto, que se hizo en todo el país en el 82. Es la herencia de un teatro que tiene cosas que decir", expresó a ElEditor.
Un festival combativo, de barricada y de resistencia
"El arte es fundamental en mi vida. Es un espacio espiritual de juego profundo que me ha permitido encontrar respuestas que den sentido a la tragedia, al horror. Y por otro lado, es todo lo que se puede decir transmitir desde un escenario: desde la crítica, el humor, el abrir caminos, el sembrar preguntas, dudas. El arte cumple una función muchísimo más allá del espectáculo", sumó Mariu Carrera.
"Todavía hay muchas heridas que curar, todavía hay muchos nietos que encontrar, todavía hay una lucha muy fuerte porque todo esto no vuelva a ocurrir. Y me parece que los jóvenes que vienen tienen un poco la responsabilidad de mantener viva la llama de eso", comentó Comoti sobre las próximas generaciones.
Respecto al valor que se le da al arte en la actualidad, El Flaco Suárez expresó: "Yo pienso que no hay un desprecio, hay lo que pasó siempre con los gobiernos: no apoyan la cultura. Hay tanta gente que pinta, que hace danza, que hace teatro, tanta gente que se caga de hambre. ¿Qué les cuesta darle un una subvención pequeña? Nada, pero no lo hacen. Entonces muchísima gente está abandonando".
La herencia de la resiliencia y el riesgo
Juan Comoti es hijo de Cristóbal Arnold y Gladys Ravalle, dos destacados teatristas mendocinos que tomaron una firme y difícil decisión durante la dictadura.
"Ellos no se exiliaron porque yo estaba en camino. Se quedaron acá haciendo teatro y también fue complicado. Fueron despedidos de sus puestos en la municipalidad por subversivos. Mi viejo terminó vendiendo huevos con la camioneta y mi mamá vendiendo ropa", recordó Comoti.
"Mis padres hacían teatro en las casas y la gente que venía tenía que salir por la puerta de atrás. Hacían todo una estrategia para seguir haciendo arte. Realmente la gente que venía a ver esas obras arriesgaba la vida", explicó.