Horror en primera persona.

El desgarrador testimonio de Gisèle Pelicot, la mujer entregada por su marido a una red de violadores

Gisèle Pelicot, la mujer a la que su marido anestesiaba por las noches para que fuera abusada, brindó su testimonio en la previa a la salida de sus memorias.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
14 de febrero de 2026 - 11:04

Gisèle Pelicot protagoniza una de las historias de abuso sexual más atroces de la cronología criminal reciente tras haber sido drogada y violada repetidamente por personas que su propio esposo, Dominique Pelicot, invitaba a su dormitorio mientras ella se encontraba bajo los efectos de fuertes sedantes. En los últimos días brindó su testimonio en varias entrevistas periodísticas antes de la salida de su libro de memorias.

El engaño, que se extendió desde el año 2011, salió a la luz recién en 2020 cuando el hombre fue sorprendido filmando por debajo de las polleras de mujeres en un supermercado. Tras el arresto, la investigación policial permitió descubrir archivos que documentaban abusos contra Gisèle por parte de al menos 70 hombres, grabaciones que su marido realizó y conservó meticulosamente a lo largo de los años.

"Algo explotó dentro de mí", dice Pelicot, de 73 años, sobre el momento en el que se dio cuenta de la magnitud de los crímenes de su marido. "Fue como un tsunami". Pelicot ha brindado esta semana entrevistas a varios medios europeos antes de la publicación de sus memorias, tituladas "Un himno a la vida", donde cuenta que llamar a sus tres hijos para darles la noticia de lo que había descubierto sobre su padre fue posiblemente la experiencia más dura de su vida.

Contó lo que vivió en una entrevista

En sus encuentros con la prensa, Pelicot decidió realizar un recuento honesto de su matrimonio y del costo que pagó por el abuso y el posterior juicio, manifestando que su objetivo es que su historia sirva a los demás.

Al recordar el momento en que la policía le reveló la verdad, la víctima describió un estado de disociación absoluta: “Era una muñeca de trapo. Estaba completamente anestesiada. Al ver lo que me hacían esos hombres, ¿Cómo es posible que mi cuerpo no sintiera nada?”. Pelicot confesó que, de no haber tenido lagunas de memoria durante el proceso, probablemente se habría suicidado ante la magnitud de la traición.

El día en que la policía le reveló el horror

El siguiente es un extracto de la entrevista que le dio a The New York Times:

-El día que la policía los convocó a ambos a la comisaría. Ahí es cuando usted se entera de lo que realmente estaba pasando. Sé que es un momento increíblemente doloroso, pero ¿Cómo fue? ¿La sientan y qué le dicen, qué le muestran?

–Pensé que íbamos a hablar de las imágenes del supermercado. Pelicot entró primero. A mí me llamaron como media hora después, y cuando subí al primer piso y llegué a la oficina del teniente Perret, suponía que Pelicot seguía ahí, pero no estaba. Pensé que tal vez era normal, que nos tomaban testimonio por separado para saber si él decía la verdad. Así que me senté, y como era la pandemia, teníamos barbijo. Perret me dijo que me lo quitara y empezó a hacerme preguntas: nombre y apellido, la edad de mis padres. Admito que empecé a preguntarme porqué tantas preguntas.

Y las preguntas se volvían cada vez más específicas: ¿Cómo es su marido? “Un buen hombre, atento, cariñoso, llevamos 50 años juntos y nunca he tenido problemas salvo por este incidente”, respondí. Y entonces el tono del interrogatorio empezó a cambiar y me preguntó si con Pelicot practicábamos el intercambio de parejas. Yo no entendía por qué me preguntaba eso y le dijo: “Claro que no. ¿A mi edad? Además, soy muy pudorosa, la sola idea de que me toque otro hombre me parece impensable”. Y entonces vi que su rostro empezaba a cambiar.

Sobre su escritorio tenía una montaña de archivos. Me dice: “Señora Pelicot, lo que le voy a decir no le va a gustar”. Yo empezaba a preocuparme, se me aceleró el corazón. Me dice: “¿Ve ese montón de cosas?”, y abre una carpeta para enseñarme una foto. Me pregunta: “¿Se reconoce en esta foto?”. Y claro, yo no me reconocí, porque estaba con un hombre que no conocía y que me estaba violando. Le dije: “No conozco a ese hombre”, y pensé: “Esa no soy yo”. Me enseña una segunda foto, prácticamente igual, y me dice: “Esa de ahí es usted”. Le digo que no, y me dice: “Esta es su habitación, señora Pelicot, estas son sus lámparas de noche. Registramos su casa, estas son sus cosas”.

Embed - Gisèle Pelicot: "No me reconozco en las fotos, creo que en ese momento mi cerebro se disoció"

Un marido manipulador

La manipulación de Dominique Pelicot llegaba al punto de acompañar a su esposa al neurólogo cuando ella comenzó a experimentar desmayos y pérdidas de memoria inexplicables, síntomas que los médicos inicialmente confundieron con indicios tempranos de Alzheimer.

A pesar de los signos evidentes de deterioro físico, ella confiaba plenamente en quien era su compañero desde 1971. “Confiaba tanto en él que no podía imaginar que ese hombre me estuviera manipulando”, afirmó Gisèle, remarcando la profundidad del vínculo que creía tener con una persona a la que consideraba un hombre amable y cariñoso.

Abusos a toda la familia

El impacto de los crímenes no se limitó a la pareja, sino que destruyó la estructura de toda una familia, incluyendo a sus tres hijos y sus nueras, de quienes el agresor también poseía fotos íntimas obtenidas sin consentimiento.

En las audiencias judiciales, Pelicot se vio obligada a confrontar a sus agresores, hombres de entre 22 y 70 años que, en su mayoría, negaron la violencia de sus actos. Sobre el comportamiento de los acusados en el estrado, la mujer destacó la frialdad del proceso y la falta de empatía: “Había entendido que no me iba a rendir. Todos intentaron quebrarme”. Actualmente, Pelicot busca reconstruir su vida entre las ruinas de su pasado, presentándose ante el mundo como una mujer que sigue de pie.

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