La UNCuyo decidió construir un muro para cerrar su campus. El principal motivo esgrimido giró en torno a la inseguridad.

El muro de los lamentos universitarios: quién reza de cada lado

¿Qué hay detrás de la instalación de un muro en el campus de la UNCuyo? Vecinos y docentes dicen que no va a servir y que las consecuencias serán muy graves.

El Editor Mendoza | Denia Gomez
Por Denia Gomez
2 de marzo de 2025 - 10:21

La Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) decidió construir un muro para cerrar su campus. El principal motivo esgrimido giró en torno a la inseguridad y, si bien nunca se difundieron estadísticas al respecto, la dirección decidió que el cierre total era la manera de paliar un problema bastante más complejo.

El pasado 30 de enero, la Ciudad de Mendoza ordenó la paralización de la obra de la UNCuyo por falta de permiso. Sin embargo, las autoridades confían en que se trata sólo de una demora en un rumbo ya marcado.

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Las críticas al muro llegaron desde diferentes sectores y con argumentos variados: algunos, con enfoques teóricos acerca del diseño urbanístico que debería tener una universidad de vanguardia; otros, cuestionando las prioridades del presupuesto universitario que, hasta hace pocos meses, le discutían al Gobierno nacional.

Un poco más allá, las personas que viven en los barrios aledaños hablaron sobre el mensaje que brinda, no sólo el cierre al tránsito, sino que se haya elegido un muro: objeto que no permite ver a través suyo.

Un lado del muro: los barrios

Los vecinos de los barrios Flores y Olivares presentían que algo así podía pasar. Hace un tiempo, les empezaron a restringir los accesos vehiculares a la zona. El problema se hizo notorio y público el año pasado durante el incendio de una vivienda en el barrio Olivares: los Bomberos no sabían cómo ingresar y tardaron mucho más tiempo del necesario. La humilde vivienda quedó reducida a cenizas y la barriada comprendió que los problemas no iban a mermar para ellos.

María Elena Ricaldez, vecina del barrio Flores Oeste, reflexionaba sobre el mensaje que brinda la instalación de un muro entre la universidad y los barrios: “Nos están cercando completamente, es como si nos quisieran aislar de la universidad pública, que nosotros tanto defendemos. Es como un mensaje, cada vez estamos más lejos de esa educación, que es el único camino para salir de una vida tan difícil, para que nuestros hijos no tengan un trabajo tan sufrido como nosotros”.

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María Elena no le esquiva al elefante en la habitación: “Sabemos que hay algunos muchachos que hacen daño, incluso dentro del barrio, en las paradas del micro cuando los chicos vuelven de la escuela o el trabajo; pero no son todos en su conjunto. Y ese problema se debe justamente a la falta de educación”.

Pero además, quienes viven en estos barrios creen que el muro no va a lograr los resultados esperados: “Va a crecer la inseguridad hacia adentro de la Universidad y hacia el barrio". Elena puso ejemplos: "En las facultades, cuando han ocurrido algunos robos, varios vecinos han intervenido ayudando a las víctimas y hasta han evitado un mal mayor. Además, la Universidad no tiene tanta seguridad, si roban allí adentro, nadie va a verlo y el peligro es mayor aún”.

En cuanto a la situación para la barriada, temen que el pronóstico no sea mucho mejor: “Si nos pasa algo, la policía que patrulla la Universidad no va a poder ayudarnos; las paradas de micros quedaron muy lejanas (una está en el ingreso al barrio y, otra al final), y si le sumamos la falta de luminarias, el riesgo es alto para nosotros. Con el muro, ya no nos van a ver…” Y es aquí donde María Elena explica con amargura: “El problema es que somos un barrio pobre en el medio de la Ciudad de Mendoza pero con el muro, ya no nos vamos a ver. Aunque igual, vamos a seguir existiendo”.

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Desde los barrios confirman que nunca fueron convocados antes de tomar la decisión del cierre perimetral y que no existe una mesa de trabajo para discutir políticas de inclusión que sean efectivas y verdaderamente transformadoras para la zona en su conjunto. Hicieron salvedades: “Hay chicas de la Universidad que vienen a dar clases de apoyo a los chicos, incluso, de vez en cuando, estudiantes brindan una especie de talleres sobre diferentes temas. Eso hace la diferencia”. Pero con esta decisión, “sentimos que, en lugar de facilitarnos los accesos a la universidad, nos los restringen”.

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El otro lado del muro: la Universidad

Ante las consultas realizadas a las personas que trabajan en la Universidad y a sus estudiantes, la respuesta fue bastante directa: la mayoría coincide en aumentar las medidas de seguridad en el campus pero “no de esta manera”.

Para muchos, la idea de tener una universidad de puertas abiertas no se contrapone con el control de la seguridad; de hecho, todos los edificios de las facultades y colegios que dependen de la UNCuyo están perimetrados y no existe queja sobre ello. Pero, gran parte de la comunidad educativa considera que existen otras alternativas menos “violentas”.

Por su lado, especialistas en el ámbito del desarrollo territorial, van un poco más allá y aseguran que se trata de una medida demodé, costosa, antiestética y sin suficientes argumentos técnicos que la sustenten.

Cuando hablan de fuera de moda, sostienen que se trata de una opción que ya no se usa en emprendimientos inmobiliarios modernos y, mucho menos, en universidades de otros lugares del mundo: las paredes han sido reemplazadas por cierres verdes, por ejemplo. Por eso la tildan de “obsoleta”.

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En cuanto al costo, la UNCuyo informó que la instalación completa del muro implica una erogación total del presupuesto universitario de casi $700 millones. Ante esto, técnicos en seguridad exhiben otros modos más económicos para lograr resultados similares: por ejemplo, cámaras de seguridad o hasta la instalación de sistemas láser. Estos últimos se presentan como más coherentes con la identidad de universidades a puertas abiertas, como habitualmente describen a la institución cuyana sus autoridades.

Inclusive, para ser más exhaustivos en el análisis, hay que mencionar que el paredón no se ha colocado en la zona más conflictiva para la Universidad, “la frontera caliente”, que se extiende por el ingreso Este de la institución, entre el barrio Olivares y la Facultad de Ciencias Políticas. Muchos recordarán que hace algunos años, existía allí una parada de micros que tuvo que ser relocalizada por los constantes hechos de inseguridad. Sin embargo, esa área no contará con este tipo de división.

Para elegir una referencia, los docentes de la UNCuyo exponen el dinero que la dirección destina a la investigación: a cada proyecto de investigación se le paga por año sólo $100.000, cifra que debe dividirse entre, al menos, diez docentes. Cabe destacar que entre los temas abordados se encuentran los usos de la Inteligencia Artificial o el mejoramiento de los sistemas hídricos para optimizar el uso del agua en Mendoza.

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Además, se habla de una ruptura estética en relación al diseño global del campus. Pero a esto se le suma poner en riesgo los reconocimientos internacionales que ha cosechado la UNCuyo en materia de sustentabilidad. Con esta implantación de cemento la institución contribuye a la formación de lo que los especialistas ambientales llaman “isla de calor” pero, también, a una segregación urbana que va a contramano de los intentos del mundo. Y aquí se suma el mensaje claro que muchos reciben a partir del cerramiento: hay un cambio en la comunicación de la identidad universitaria que no condice con una institución de vanguardia; porque, además, fomenta la segregación y la ruptura de los tejidos sociales.

La partidización de la política universitaria

El 2026 será un año de elecciones universitarias y, para ganar la contienda, el manejo de los fondos es crucial. Entonces, ¿por qué gastar tanto dinero en una decisión que no le aumentará el caudal de votantes? ¿Por qué ser recordada ante la comunidad como “la rectora del muro”?

Algunos sospechan que se trata de una estrategia preventiva ante el temor de lo que pueda llegar a ocurrir en materia de inseguridad como consecuencia del aumento sostenido de la pobreza. “No quieren tener algún escándalo de inseguridad en épocas cercanas a las elecciones”, confiaron fuentes no docentes de la institución. “Es una medida cómoda y rápida, aunque no ataque las causas ni plantee una solución integral y sostenida en el tiempo; les va a dar tiempo seguramente”, insinuaron y agregaron con suspicacia: “Encima iniciaron la obra cuando todos estábamos de vacaciones”.

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Algunos trabajadores incluso plantearon con cierta vergüenza: “La Universidad tiene a su cargo el Instituto Universitario de Seguridad Pública, no puede responder ante la inseguridad con un muro”.

Desde el ámbito académico, la crítica es más incisiva: "Hace muchos años que la UNCuyo no propone una mesa de cogestión ni un espacio de trabajo conjunto con la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, distintos referentes sociales y las uniones vecinales de los barrios aledaños. El muro es la cristalización del cerramiento que la Universidad viene desarrollando desde hace muchos años", sentenciaron.

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