La crisis en la industria argentina afecta transversalmente a todos los rubros, incluso el único que muestra algunos números positivos: las empresas petroleras. El 20 de febrero el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N°11 de Buenos Aires dispuso la apertura del concurso preventivo de Oilstone Energía SA. La medida se tomó tras el pedido de la propia compañía, que el 4 de febrero había reconocido su estado de cesación de pagos y la necesidad de extender los plazos de sus créditos, que ascienden a 11,8 millones de dólares.
El ocaso del petróleo convencional
Con operaciones en la Comarca Petrolera de la Cuenca Neuquina, la firma atraviesa una crisis que refleja el contraste entre el auge del no convencional y el retroceso del convencional. Mientras Vaca Muerta concentra inversiones y producción, Oilstone denuncia haber quedado relegada: dificultades para acceder a sistemas de transporte, caída en los precios del gas natural y un progresivo deterioro de sus ingresos.
Ajustes internos y deuda
La empresa, que redujo su plantel de casi 300 a 183 trabajadores, presentó una hoja de ruta para intentar salir de la crisis. Sin embargo, todo depende de la reestructuración de su deuda con tres bancos acreedores, principales financiadores de la compañía.
Negociaciones con el Gobierno de Neuquén
En paralelo, Oilstone negocia con el gobierno neuquino la prórroga de la mitad de sus concesiones. El proceso, sin embargo, permanece virtualmente detenido hasta que se defina el concurso de acreedores. La provincia, titular de las concesiones, exige —como condición para cualquier prórroga— un plan de abandono seguro de pozos e instalaciones.
Cierre de pozos y foco en Vaca Muerta
Para las empresas del convencional, este requisito implica un costo difícil de afrontar: invertir en cerrar pozos significa destinar recursos sin obtener producción. Así, Oilstone Energía se encuentra en una encrucijada. Entre la presión de sus acreedores, las exigencias regulatorias y la competencia desmedida de Vaca Muerta, la compañía busca sobrevivir en un escenario donde el convencional parece condenado a vivir bajo la sombra del no convencional.