Surtidores de guerra.

Un plan controversial: ¿Más biocombustible en la nafta y el gasoil para frenar los aumentos?

-La Secretaría de Energía tiene una iniciativa en ese sentido en evaluación.

-La afectación de la calidad con más biocombustible promete debate.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
25 de marzo de 2026 - 20:45

La Secretaría de Energía evalúa permitir un mayor corte de biocombustibles en las naftas y gasoil con objetivo de contener el impacto inflacionario de los precios del petróleo alterados por la guerra de Medio Oriente. A la par entra en debate la calidad de los combustibles.

En un intento contrarreloj por amortiguar el impacto de la coyuntura internacional sobre un mercado interno ya severamente castigado por la inflación, la Secretaría de Energía se apresta a implementar una maniobra que despierta fuertes interrogantes tanto técnicos como económicos. Según trascendió en las últimas horas a través de fuentes citadas por el portal especializado EconoJournal, el Ejecutivo avanzará en los próximos días con una serie de resoluciones destinadas a "flexibilizar" los parámetros históricos de calidad de los combustibles líquidos.

Mezcla con biocombustible, en debate

El objetivo declarado es permitir una mayor mezcla de biocombustibles; el objetivo no escrito, sin embargo, es licuar costos de producción para evitar que el descalabro de los precios internacionales termine de detonar los valores en los surtidores locales.

Estaciones de servicio - Aumentos de combustible (3)

La medida, que se presentaría oficialmente como una respuesta pragmática ante la volatilidad del crudo originada por la guerra en Medio Oriente, esconde una realidad macroeconómica mucho más cruda: la incapacidad del Estado para sostener el abastecimiento sin recurrir a atajos normativos. En concreto, la iniciativa contempla la modificación transitoria de las especificaciones técnicas de las naftas, alterando el límite máximo permitido de partes por millón de oxígeno por cada litro. Esta degradación temporal de los estándares es la llave maestra que permitirá a las refinadoras incrementar la proporción de bioetanol en la mezcla final.

Actualmente, el marco de la Ley 27.640 establece que el corte obligatorio de bioetanol puede llegar hasta el 12%, con un techo teórico del 15% bajo circunstancias excepcionales. Hasta hoy, restricciones estrictamente técnicas, orientadas a proteger la integridad de los motores y garantizar el rendimiento kilométrico del producto, mantenían ese límite estricto. Al flexibilizar estas barreras, el Gobierno delega en las empresas la decisión de aprovechar o no este margen. El esquema será de adhesión voluntaria, dejando en manos de gigantes del mercado como YPF, Raízen y Trafigura la potestad de decidir si abaratan sus costos operativos a expensas de la fórmula original del combustible que comercializan.

Bioetanol, el más competitivo

La ecuación es netamente financiera. Con los precios internacionales por las nubes, el bioetanol resulta hoy más competitivo que la nafta de origen fósil. No obstante, resulta ilusorio pensar que esta reducción en el costo de elaboración se traducirá en un alivio directo en el surtidor. Más bien, funcionará como un margen de compensación para que las petroleras absorban parte del impacto externo sin trasladarlo inmediatamente al público.

El panorama sigue la misma lógica en el segmento del transporte y el agro. El Gobierno también analiza habilitar un aumento en el corte de biodiesel en el gasoil. Aunque la normativa exige un 7,5%, los incrementos discrecionales podrían elevarlo a niveles cercanos al 20%. Históricamente, este salto se evitaba porque el biodiesel, derivado del aceite de soja, era económicamente prohibitivo frente al combustible importado.

Esa dinámica se ha invertido. Con el barril de petróleo en torno a los US$100, importar gasoil de alta calidad le cuesta a la Argentina unos US$1100 por metro cúbico. Frente a este gasto sideral de divisas, el biodiesel local se cotiza a menos de US$ 1.000. Considerando que el país necesita importar alrededor de 500.000 metros cúbicos anuales para cubrir sus picos de demanda, la flexibilización se revela no como una política de transición energética, sino como una medida desesperada para sustituir importaciones y cuidar los dólares del Banco Central.

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