Argentina enfrenta un recrudecimiento histórico de la sífilis: ¿Cómo le fue a Mendoza?
-En Argentina los casos confirmados en 2025 superaron en 71% a la media del lustro.
-Mendoza no es una isla, pero presentó particularidades.
PorJavier Polvani
19 de enero de 2026 - 18:12
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Los casos de sifilis se multiplican en Argentina y Mendoza no es una isla.
Las cifras frías de las planillas epidemiológicas narran una historia que preocupa a los infectólogos locales: Mendoza no es una isla, sino el reflejo agudo de un fenómeno que atraviesa a la Argentina de punta a punta. La sífilis avanza a paso apurado.
Mientras el sistema de salud intentaba recuperar la normalidad operativa tras los años de pandemia, una vieja enfermedad, curable y prevenible, ha vuelto a ganar terreno con una velocidad inusitada.
Según los últimos reportes oficiales difundidos por la Dirección de Epidemiología provincial, Mendoza cerró el año 2025 con 1.568 casos confirmados de sífilis, un guarismo que representa un salto del 38% en comparación con los 1.123 diagnósticos de 2024.
Este incremento local no es un hecho aislado, sino que actúa como una caja de resonancia de la situación nacional, donde el Boletín Epidemiológico confirmó un récord de 55.183 casos acumulados, evidenciando un alza del 71% respecto a la mediana histórica del último lustro.
Jóvenes y una falsa seguridad en Argentina
Al hacer zoom sobre los datos mendocinos, el mapa del contagio muestra patrones definidos. La infección se concentra mayoritariamente en la franja etaria económicamente activa, con un pico de incidencia entre los 15 y los 39 años. Sin embargo, es en el desglose por género donde aparece un dato que requiere una lectura cuidadosa: las estadísticas muestran una prevalencia mayor en mujeres.
sifilis
Lejos de estigmatizar, las autoridades sanitarias locales, encabezadas por referentes de la Dirección de Epidemiología, explican que esta diferencia responde a una lógica de acceso al sistema.
La mujer, a través de los controles ginecológicos de rutina y el seguimiento obligatorio del embarazo, es testeada con mayor frecuencia que el varón, quien suele acudir al médico solo ante la aparición de síntomas visibles, dejando un subregistro importante de portadores asintomáticos que continúan la cadena de transmisión.
Consenso médico
El consenso médico en los hospitales mendocinos apunta a un factor cultural como motor del rebrote: la "pérdida del miedo". El éxito de los tratamientos antirretrovirales para el VIH ha generado, paradójicamente, una relajación en el uso del preservativo, que sigue siendo la única barrera efectiva contra la bacteria Treponema pallidum. "El preservativo ha dejado de ser un hábito en las relaciones ocasionales", lamentan desde los consultorios de infectología del Gran Mendoza.
Si el aumento en adultos es una luz amarilla, la situación de la transmisión vertical (de madre a hijo) es una luz roja. El incremento de casos en mujeres jóvenes impacta directamente en la tasa de sífilis congénita, una condición totalmente evitable que puede provocar malformaciones severas o muerte neonatal.
En Mendoza, al igual que en el resto del país —donde los casos en embarazadas subieron un 10% en el último año—, se detecta que muchas gestantes llegan al parto con controles insuficientes o habiendo adquirido la infección en el último trimestre, cuando la transmisión al feto es más probable. Esto obliga a las maternidades a reforzar los testeos rápidos en sala de parto y a garantizar el tratamiento con penicilina al binomio madre-hijo antes del alta, una estrategia de "trinchera" para mitigar daños que deberían haberse prevenido meses antes.
Un desafío federal
La situación de Mendoza valida y contextualiza los datos nacionales. El crecimiento del 65% en la secreción genital purulenta en varones y la estabilidad de otras ITS muestran que la sífilis corre con ventaja por su alta transmisibilidad silenciosa.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación y sus pares provinciales, la respuesta busca ser pragmática: descentralizar el diagnóstico. La clave ya no está solo en los grandes hospitales, sino en que cada Centro de Atención Primaria tenga la capacidad de realizar el test rápido —cuyo resultado está en 20 minutos— y aplicar la inyección de penicilina en el momento.
El escenario de 2026 se presenta desafiante. Con más de 55.000 argentinos diagnosticados el último año, el sistema sanitario enfrenta la obligación de volver a educar sobre prevención en una sociedad que parece haber olvidado los riesgos básicos de la sexualidad sin protección. Mendoza, con sus números en alza, es hoy la testigo presencial de una epidemia que exige menos silencio y más acción.