Dulce pero no tanto

El alfajor ya no es un gusto y se mete en el almuerzo

La tradicional golosina argentina comenzó a ocupar el lugar de otras comidas durante la jornada laboral
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Por El Editor Mendoza

Durante décadas, comprar un alfajor fue sinónimo de darse un gusto. Un acompañamiento para el café, una merienda improvisada o una golosina para disfrutar durante el día. Sin embargo, los hábitos alimentarios de los argentinos están atravesando una transformación que coloca a este producto en un lugar diferente: el de una comida rápida para quienes necesitan reducir gastos.

El fenómeno se desarrolla en un contexto de dificultades para sostener determinados consumos y permite analizar cómo los trabajadores modifican su alimentación cuando deben pasar varias horas fuera de sus hogares.

En Mendoza, donde la actividad comercial, los servicios y otros sectores económicos movilizan diariamente a miles de trabajadores, la discusión sobre cuánto cuesta almorzar durante la jornada laboral también cobra relevancia.

Aunque no existen datos específicos que permitan establecer cuántos mendocinos reemplazan una comida por un alfajor, las estadísticas nacionales muestran una tendencia que va más allá de una simple elección de golosinas.

Según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 61,1% de los trabajadores asalariados formales encuestados salteó alguna comida por motivos económicos, mientras que el 78,5% reconoció haber elegido alimentos más baratos y menos nutritivos.

Los resultados ponen de manifiesto que la alimentación también se convirtió en una variable de ajuste dentro de los gastos cotidianos.

Un almuerzo que se resuelve con menos dinero

El crecimiento de las variedades de alfajores en el mercado argentino contrasta con las dificultades que atraviesan otros segmentos del consumo.

Para algunos trabajadores, comprar un alfajor y una bebida representa un desembolso inmediato menor que adquirir un sándwich o un menú completo. Sin embargo, esa diferencia económica no implica que ambas alternativas sean equivalentes desde el punto de vista nutricional.

El cambio también fue advertido por los fabricantes.

Desde Fantoche, su director comercial, Claudio Messina, reconoció que el alfajor comenzó a ocupar diferentes momentos de alimentación, entre ellos el desayuno, la merienda y el almuerzo.

En tanto, desde Guaymallén, Hugo Basillotta señaló que el producto viene siendo utilizado como reemplazo de comidas desde hace varios años.

Estas observaciones permiten identificar una transformación en el comportamiento de los consumidores, aunque no alcanzan por sí solas para determinar cuántas personas adoptaron ese hábito ni con qué frecuencia lo hacen.

Lo cierto es que el alfajor tiene algunas características que favorecen su elección: se consigue fácilmente, no requiere preparación, puede transportarse y existe una amplia variedad de precios.

Su consumo, por lo tanto, no responde exclusivamente al gusto por lo dulce, sino que también puede relacionarse con cuestiones prácticas y económicas.

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Dos alfajores mendocinos entre los más ricos del mundo.

El bolsillo también modifica la alimentación

Uno de los aspectos más importantes del estudio de la UCA es que las dificultades alimentarias no se limitan a quienes se encuentran fuera del mercado laboral.

El relevamiento analizó a 1.171 trabajadores asalariados formales y detectó que el 83,5% experimentaba algún grado de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada.

Además, el 56,2% combinaba dos situaciones: saltear comidas y recurrir a alimentos de menor calidad nutricional por razones económicas.

Esto significa que contar con un empleo registrado no necesariamente garantiza la posibilidad de mantener una alimentación adecuada durante el horario de trabajo.

La situación adquiere especial importancia cuando se considera que el gasto en alimentos fuera del hogar debe convivir con otros compromisos cotidianos, como el transporte, los servicios y los consumos familiares.

En ese contexto, las decisiones de compra pueden orientarse hacia productos que demandan menos dinero en el momento, incluso cuando no representan la opción más conveniente desde una perspectiva nutricional.

Más alfajores en las góndolas pero no necesariamente más ventas

El mercado argentino de alfajores atraviesa un proceso de diversificación, con nuevas marcas, formatos y combinaciones de sabores que compiten por ganar espacio en los kioscos.

Durante 2026 aparecieron más de 40 novedades en la categoría, según información sectorial difundida recientemente, una expansión de la oferta que convive con un escenario de consumo ajustado.

Sin embargo, más variedades no significa necesariamente que los argentinos estén comprando más alfajores.

De acuerdo con datos de la consultora Scentia, la facturación de la categoría aumentó un 5,4% durante el último año, un crecimiento inferior a la inflación registrada en ese mismo período.

Además, el segmento de precios medios ganó participación frente a los extremos del mercado, una señal de que las preferencias comerciales también están cambiando.

La situación se relaciona con un comportamiento más amplio del consumo argentino.

Según Worldpanel by Numerator, durante el segundo trimestre de 2026 los hogares redujeron un 3,7% el volumen de sus compras, aunque incrementaron la frecuencia con la que visitan los comercios.

En términos prácticos, esto significa que los consumidores realizan compras más pequeñas y administran con mayor precisión sus gastos.

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