Mantener un comercio abierto en Mendoza se convirtió en un desafío que va mucho más allá de vender productos. Los costos de funcionamiento, los cambios en los hábitos de consumo y la necesidad de competir con nuevas plataformas obligan a los comerciantes a revisar sus estrategias para sostener la actividad.
En ese escenario, el Gobierno provincial, a través del programa Mendoza Más Comercio, avanzó con un relevamiento destinado a identificar las principales dificultades que enfrentan los establecimientos del Gran Mendoza y conocer qué herramientas necesitan para mejorar su funcionamiento.
La iniciativa forma parte de una política de diagnóstico y acompañamiento al sector comercial, que incluye capacitaciones, asistencia técnica y acciones orientadas a fortalecer la competitividad de los pequeños y medianos negocios.
Sin embargo, el análisis llega en un momento particular para la economía provincial. Mientras los comerciantes buscan nuevas formas de atraer clientes, el consumo continúa mostrando señales de debilidad y los gastos necesarios para mantener un local abierto ocupan un lugar cada vez más importante en las decisiones empresariales.
Vender ya no alcanza para sostener un negocio
Uno de los problemas que atraviesa el comercio mendocino es la dificultad para equilibrar ingresos y gastos en un contexto de ventas moderadas.
Los alquileres, los servicios, las obligaciones impositivas y los costos operativos representan compromisos mensuales que deben afrontarse independientemente del movimiento comercial.
Esta situación adquiere especial relevancia en el microcentro de Mendoza, donde durante los últimos meses se observaron locales disponibles y cambios en la distribución de los negocios.
Un relevamiento inmobiliario difundido durante el año identificó un incremento del 80% en la cantidad de locales comerciales ofrecidos en la Ciudad entre septiembre de 2025 y abril de 2026, dentro del universo analizado.
Al mismo tiempo, algunos emprendimientos comenzaron a trasladarse hacia otros departamentos o espacios comerciales con menores costos de funcionamiento.
La transformación también está relacionada con la aparición de nuevas modalidades de venta, que permiten operar sin necesidad de mantener un local tradicional.
El consumidor cambió y los comerciantes deben adaptarse
La modificación de los hábitos de compra aparece como otro de los grandes desafíos.
Los consumidores comenzaron a prestar mayor atención a las promociones, las alternativas económicas y las posibilidades de financiación, mientras que las compras consideradas menos urgentes enfrentan mayores dificultades.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pyme registraron en septiembre un crecimiento interanual de apenas 0,3%, aunque retrocedieron 1,2% respecto de agosto.
El acumulado de los primeros nueve meses de 2026 mostró una caída del 2,1%, reflejando que la actividad todavía no consigue consolidar una recuperación sostenida.
En ese contexto, el comercio tradicional enfrenta una doble exigencia. Por un lado, necesita sostener su estructura de funcionamiento y, por otro, debe incorporar nuevas herramientas para llegar a consumidores que modificaron sus formas de comprar.