Las intensas nevadas que cubrieron la cordillera mendocina durante las últimas semanas trajeron una noticia alentadora para la provincia. Luego de varios inviernos marcados por una escasa acumulación de nieve, el panorama comenzó a cambiar y las expectativas sobre la disponibilidad de agua para la próxima temporada mejoraron de manera considerable.
Sin embargo, desde el Departamento General de Irrigación evitaron hablar del fin de la crisis hídrica. Por el contrario, las autoridades remarcaron que, si bien el fenómeno representa una oportunidad para recuperar parte de las reservas, Mendoza deberá continuar administrando el recurso con los mismos criterios de eficiencia que viene aplicando durante los últimos años.
El encargado de transmitir ese mensaje fue el superintendente general de Irrigación, Sergio Marinelli, quien sostuvo que una nevada excepcional no alcanza para revertir las consecuencias acumuladas por más de una década de sequía.
Más nieve no significa más agua disponible
Aunque las imágenes de la alta montaña completamente cubierta de blanco despertaron optimismo, desde Irrigación explicaron que la cantidad de nieve acumulada no se traduce automáticamente en un mayor volumen de agua para consumo, riego o generación hidroeléctrica.
El motivo es que parte de esa nieve nunca llega a transformarse en caudal útil. Una fracción del manto níveo se pierde por procesos naturales como la sublimación, el viento o las filtraciones, mientras que otra dependerá de cómo evolucionen las temperaturas durante la primavera y el verano, cuando comience el proceso de deshielo.
Por ese motivo, los especialistas realizan un monitoreo permanente en las distintas cuencas cordilleranas, donde no solo se mide el espesor de la nieve, sino también el denominado equivalente agua-nieve, un indicador que permite estimar cuánta agua quedará realmente disponible cuando llegue el deshielo.
Irrigación pidió no confiarse tras la histórica nevada en Mendoza
La sequía todavía deja consecuencias
Desde el organismo recordaron que Mendoza continúa atravesando un escenario condicionado por varios años consecutivos de déficit hídrico.
La disminución de los caudales de los principales ríos obligó durante las últimas temporadas a incrementar el uso de aguas subterráneas para sostener la producción agrícola, una alternativa que permitió mantener la actividad, pero que también aumentó la presión sobre los acuíferos provinciales.
Por eso, aunque el invierno de 2026 aparece como uno de los más favorables de los últimos años en materia de acumulación de nieve, desde Irrigación insisten en que la provincia no puede relajarse en el uso del recurso.