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El vino mendocino sigue en rojo y la rentabilidad no repunta

El semáforo de Coninagro correspondiente a agosto ubicó al vino y al mosto entre las actividades con mayores dificultades económicas
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Por El Editor Mendoza

La vitivinicultura continúa sin encontrar una mejora sostenida en sus indicadores de rentabilidad. El vino y el mosto permanecieron en rojo durante agosto en el Semáforo de Economías Regionales que elabora la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), un relevamiento que permite observar las condiciones económicas y productivas de distintas actividades del país.

El informe ubicó a nueve de las 19 economías regionales analizadas en la categoría más comprometida, mientras que otras cinco quedaron en amarillo y cinco en verde. En ese escenario, la cadena vitivinícola sigue atravesada por una dificultad central, los ingresos que reciben los productores no logran acompañar la evolución de los costos y pierden capacidad para sostener los márgenes del negocio.

La situación no responde a un único factor. La dinámica de los precios, el comportamiento de la demanda y las condiciones de comercialización inciden de distinta manera en cada actividad, aunque en el caso del vino y el mosto las dificultades de rentabilidad continúan siendo determinantes.

Precios rezagados y costos que presionan al sector

El componente de negocio es uno de los principales indicadores para entender por qué la vitivinicultura permanece en rojo. La medición compara la evolución mensual e interanual de los precios que reciben los productores con los costos necesarios para desarrollar la actividad.

Cuando los valores de venta avanzan por debajo de la inflación o de los gastos operativos, los ingresos pierden poder adquisitivo y se reducen los recursos disponibles para afrontar las tareas productivas. Esta brecha condiciona la capacidad de inversión y dificulta sostener la actividad en el tiempo.

A ese escenario se suman las diferencias entre los distintos eslabones de la cadena. La evolución del mercado del vino, la comercialización del mosto y los costos vinculados con la producción plantean desafíos que no impactan de la misma manera sobre productores, cooperativas y bodegas.

El semáforo de Coninagro también contempla variables productivas y comerciales, como la superficie implantada, los niveles de producción, las exportaciones, las importaciones y el consumo interno. De esta manera, la clasificación busca reflejar una situación más amplia que la variación aislada de los precios.

Nueve actividades siguen en rojo

La vitivinicultura comparte la categoría roja con otras actividades agropecuarias, entre ellas la yerba mate, el arroz, las hortalizas, el algodón, la leche, la mandioca, la actividad forestal y los cítricos dulces.

En buena parte de estos sectores, los problemas se concentran en la rentabilidad, aunque las causas varían según las características de cada producción. La debilidad de la demanda, una oferta abundante y el aumento de los costos aparecen entre los factores que dificultan la recuperación de los ingresos.

En el otro extremo, cinco actividades quedaron en verde durante agosto. Se trata de la producción bovina, ovina, de granos, miel y papa, cuyos indicadores mostraron condiciones más favorables en el período analizado.

Otras cinco economías regionales permanecieron en amarillo, entre ellas el tabaco, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y el maní. En estos casos, los resultados reflejan una situación intermedia, sin un deterioro generalizado de todos los indicadores, pero todavía sin una recuperación consolidada.

La papa mostró una mejora en sus precios

Uno de los cambios más destacados del relevamiento fue el paso de la papa de amarillo a verde, impulsado por la recuperación de los valores que reciben los productores.

Durante agosto, el precio de este producto aumentó un 19% mensual, acumuló una suba del 151% en el último cuatrimestre y registró un incremento interanual del 329%, según los datos difundidos en el informe.

La mejora estuvo vinculada con un ajuste de la oferta. Después de una campaña anterior con una producción récord y una elevada disponibilidad que presionó los precios a la baja, la superficie implantada se redujo un 12% en la nueva campaña, lo que contribuyó a recomponer el equilibrio entre la oferta y la demanda.

El contraste con la vitivinicultura muestra que las economías regionales atraviesan situaciones diferentes, incluso dentro de un mismo contexto económico. Mientras algunos productos consiguieron mejorar sus valores de venta, el vino y el mosto continúan entre las actividades que no logran revertir las dificultades de rentabilidad.

Para Mendoza, donde la vitivinicultura ocupa un lugar central en la estructura productiva, la permanencia en rojo constituye una señal de las dificultades que todavía enfrenta la cadena. La evolución de los precios, los costos y los mercados será determinante para evaluar si los próximos relevamientos muestran una mejora en las condiciones del sector.

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