Una miel amarga

La apicultura mendocina en crisis, por qué se perdió casi la mitad de las colmenas

Los bajos precios de los últimos años y el aumento de las dificultades para sostener la producción golpearon al sector
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Por El Editor Mendoza

La apicultura mendocina atraviesa un escenario complejo, marcado por la pérdida de colmenas, las dificultades para sostener la rentabilidad y un panorama climático que suma incertidumbre de cara a los próximos meses. Según advirtió el productor Juan Marcos Jurisich, los bajos precios registrados durante los últimos años provocaron una fuerte caída en la actividad, al punto de que se perdió cerca de la mitad de las colmenas.

En ese contexto, señaló que la situación económica y cambiaria afectó la capacidad de los productores para mantener sus unidades productivas, pese a que la miel argentina continúa teniendo demanda en el exterior.

La preocupación no se limita a las condiciones comerciales. A las dificultades económicas se suman los efectos de las lluvias y las bajas temperaturas sobre las colmenas, en un momento clave para su desarrollo. La combinación de estos factores amenaza con profundizar las pérdidas y complica las perspectivas de recuperación de los apicultores.

Menos exportaciones y dificultades para sostener la producción

Uno de los principales problemas que enfrenta la actividad está relacionado con la evolución de los precios y su impacto sobre la rentabilidad. Según explicó Jurisich, el sector lleva varios años con valores desfavorables, una situación que redujo los márgenes de los productores y terminó afectando la cantidad de colmenas que pueden sostener.

El peso del mercado internacional ayuda a entender la dimensión del problema. De acuerdo con el apicultor, alrededor del 90% de la miel producida en Argentina se destina a la exportación, por lo que los cambios en los precios externos y las condiciones cambiarias tienen una incidencia directa sobre la actividad.

En ese escenario, Jurisich señaló que los volúmenes exportados pasaron de unas 110.000 toneladas hace una década a alrededor de 60.000 toneladas en los últimos años. La caída refleja las dificultades que atraviesa la cadena apícola y plantea interrogantes sobre la capacidad del sector para recuperar los niveles de actividad anteriores.

El productor también hizo referencia al tipo de cambio y a los costos internos, dos variables que condicionan los ingresos que reciben los apicultores y los gastos necesarios para mantener las colmenas en funcionamiento.

La situación expone una dificultad central para la actividad. Aunque exista demanda por la miel argentina, eso no garantiza que la producción resulte rentable para quienes deben afrontar los costos de mantenimiento, alimentación y reproducción de las colonias.

La miel argentina tiene demanda, pero falta rentabilidad

Jurisich sostuvo que la miel producida en el país es buscada por compradores del exterior y que reciben consultas comerciales de manera frecuente. Sin embargo, advirtió que esa demanda no alcanza por sí sola para resolver los problemas económicos que enfrenta el sector.

El desafío, explicó, pasa por lograr que los ingresos obtenidos por la venta del producto permitan cubrir los costos internos y sostener la actividad a largo plazo. Cuando esa ecuación deja de funcionar, los productores encuentran cada vez más dificultades para conservar sus colmenas y continuar trabajando.

Durante la entrevista, el apicultor también mencionó las expectativas que habían generado las conversaciones sobre posibles acuerdos comerciales con Estados Unidos. Según planteó, una apertura de ese tipo podría haber mejorado las condiciones para colocar la producción argentina en el mercado norteamericano.

No obstante, el problema de fondo sigue siendo la rentabilidad. Para los productores, la posibilidad de acceder a nuevos mercados necesita traducirse en mejores condiciones concretas de comercialización, de manera que los ingresos permitan afrontar los gastos de la actividad.

En Mendoza, donde la apicultura se desarrolla en distintos oasis productivos, la situación también representa un desafío para sostener una actividad vinculada tanto a la producción de miel como a otros servicios que prestan las abejas en el sistema agrícola.

El clima suma presión sobre las colmenas

A las dificultades económicas se agregan las condiciones meteorológicas, que pueden afectar directamente la alimentación y la reproducción de las abejas. En su análisis, Jurisich advirtió que las lluvias, las lloviznas y las bajas temperaturas reducen el ingreso de néctar a las colmenas, lo que complica el abastecimiento de alimento en el interior de las colonias.

El problema aparece en un momento particularmente sensible del ciclo productivo. Durante septiembre, explicó el apicultor, la población de las colonias experimentó un crecimiento, por lo que la disponibilidad de alimento resulta fundamental para sostener ese desarrollo.

Cuando las condiciones climáticas impiden que las abejas salgan a recolectar néctar, las reservas pueden resultar insuficientes para responder a las necesidades de una población más numerosa. Jurisich advirtió que algunas colonias podrían estar atravesando una situación de escasez de alimento.

A esto se suma la reposición de reinas, una etapa clave para mantener la reproducción y la continuidad de las colmenas. El productor explicó que las reinas vírgenes necesitan temperaturas cercanas a los 24 grados y condiciones de sol para lograr una fecundación adecuada.

Las jornadas frías, húmedas o lluviosas pueden dificultar ese proceso y aumentar el riesgo de pérdida de colonias. De acuerdo con su evaluación, el fenómeno climático conocido como Súper Niño podría tener efectos positivos en el largo plazo, pero en lo inmediato genera preocupación por las consecuencias que puede provocar sobre los apiarios.

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