Desde la noche del viernes, la región de la Costa Atlántica permanece bajo una doble alerta amarilla debido a una combinación complicada de vientos que superaron los 100 kilómetros por hora y un oleaje histórico que alcanzó los siete metros de altura.
Este escenario crítico forzó la paralización absoluta de las actividades portuarias, deportivas y educativas, mientras las autoridades locales intentan contener los daños en una infraestructura urbana visiblemente desbordada.
En Mar del Plata, la situación obligó a la creación de un comité de emergencia de urgencia entre el Consorcio Regional Portuario y Prefectura Naval.
La decisión fue drástica pero necesaria: cierre total del puerto y clausura de las escolleras ante la violencia de un mar que amenaza con superar las defensas costeras.
Las zonas más afectadas por el temporal
Mientras tanto, en localidades como Necochea, la crisis se trasladó a la conectividad terrestre, donde la Ruta 288 quedó completamente inundada e intransitable, dejando a la zona de la escollera aislada del resto del municipio bajo ráfagas que no dan tregua.
El avance del océano mostró su cara más dramática en Monte Hermoso, donde el agua logró penetrar hasta dos cuadras casco adentro de la ciudad, provocando cortes masivos en el suministro eléctrico y el anegamiento total de arterias principales.
Hacia el norte, en Pinamar y Miramar, el paisaje se repite con calles convertidas en ríos y decenas de árboles caídos que obstruyen el paso de los servicios de emergencia. La Agencia Federal de Emergencias puso especial énfasis en la situación de la ría de Bahía Blanca y los puertos de Ingeniero White y Belgrano, zonas donde la crecida del nivel del mar ha alcanzado niveles de riesgo extremo para la navegación.
El Servicio Meteorológico Nacional advierte que, si bien el fenómeno comenzó a gestarse el jueves, su mayor intensidad se experimentará durante el transcurso de este sábado.
Se espera que el foco de la tormenta se desplace hacia Villa Gesell y Punta Alta, localidades que se perfilan como los próximos puntos geográficos en recibir el mayor impacto de las ráfagas. Con la actividad portuaria suspendida y los balnearios reducidos a escombros por la fuerza del agua, la Costa Atlántica aguarda con incertidumbre que las condiciones climáticas comiencen a ceder pasado el mediodía.