El aire en Enstone cambió por completo. Lo que empezó como un año de incertidumbre se transformó en un resurgimiento agresivo que tiene a Alpine no solo sumando puntos importantes, sino también atrayendo los ojos de los gigantes del dinero.
La escudería vive una metamorfosis impulsada por un posible contrato millonario con Gucci y una guerra de acciones que amenaza con cambiar las reglas de la F1.
El aire en Enstone cambió por completo. Lo que empezó como un año de incertidumbre se transformó en un resurgimiento agresivo que tiene a Alpine no solo sumando puntos importantes, sino también atrayendo los ojos de los gigantes del dinero.
Con un monoplaza que finalmente responde y un Franco Colapinto que demostró estar a la altura de las exigencias en Miami, la escudería francesa pasó de ser el "patito feo" de la parrilla a convertirse en el centro de una disputa geopolítica y comercial que podría redefinir el reglamento de la Fórmula 1.
El presente deportivo es el motor de este optimismo. Alpine logró instalarse con firmeza en el top 10, acechando a Red Bull en el campeonato de constructores. Pero el dato que sacudió el mercado local fue la actuación de Franco Colapinto.
El argentino, séptimo en Miami, no solo aportó frescura técnica, sino que validó el momento de un auto que ahora sí permite pelear. Cuando los resultados aparecen, el valor de la marca vuela. La participación del 24% que el fondo Otro Capital compró por 200 millones de euros en 2023, hoy triplicó su valor. Es el negocio perfecto, y por eso los tiburones empezaron a circular.
Los rumores en el paddock de Miami fueron ensordecedores: Gucci estaría negociando para ser el title sponsor del equipo a partir de 2027. La jugada tiene una lógica interna implacable. Luca De Meo, el estratega detrás de la transformación de Renault en Alpine, lidera hoy el grupo Kering, dueño de la casa de moda italiana.
No se trata solo de un logo en el alerón; es la búsqueda de transformar a Alpine en una marca de estilo de vida de lujo, separándola definitivamente de su pasado generalista. Si se concreta, Alpine sería el equipo con más glamour de la grilla, superando incluso el marketing de Ferrari.
Sin embargo, no todo es brillo y pasarelas. La tensión estalló cuando surgió el nombre de Mercedes como posible comprador de ese codiciado 24% de acciones. La marca alemana ya es socia técnica de Alpine, pero su ingreso al accionariado encendió las alarmas. ¿Puede un constructor ser dueño de una parte de su rival? Mohammed Ben Sulayem, presidente de la FIA, ya tomó cartas en el asunto. La Federación está evaluando la legitimidad de que un fabricante tenga influencia directa en dos equipos.
Esta investigación podría ser una bomba de tiempo para la F1. Si la FIA bloquea a Mercedes, se abre un precedente peligroso que podría golpear de rebote a Red Bull, que controla a Racing Bulls desde hace dos décadas. La interna está que arde: los equipos independientes exigen reglas claras para evitar que las potencias controlen los votos y los desarrollos técnicos en las sombras.
Mientras la política se debate en los escritorios, Alpine no detiene su desarrollo. Tras completar 900 kilómetros de pruebas de neumáticos de lluvia con Pierre Gasly en Magny-Cours, la escudería se prepara para el desafío de Barcelona. La pregunta que queda flotando en el paddock es quién se quedará finalmente con la "joya" francesa. Alpine tiene el derecho de recompra de sus acciones, pero la tentación de dejar entrar capitales externos como Mercedes o grupos de moda es enorme.