La Selección Argentina volvió a demostrar su capacidad para imponer condiciones, pero la goleada por 7 a 0 ante Burkina Faso dejó una pregunta que va más allá del resultado. ¿Estos partidos para que sirven?
El encuentro disputado en el Monumental tuvo poco de una prueba de exigencia para el conjunto de Lionel Scaloni y fue más bien un amistoso contra una pobre selección elegida a dedo por el comisionado del futbol argentino. En ese sentido el seleccionado dominó, encontró espacios con facilidad y convirtió cinco goles durante la primera parte, en un desarrollo que rápidamente perdió buena parte de la incertidumbre propia de un partido internacional. El marcador final reflejó esa diferencia, aunque también dejó en evidencia las limitaciones de una preparación que difícilmente pueda tomarse como una medida real del presente futbolístico del subcampeón del mundo.
La goleada comenzó a tomar forma desde el arranque, cuando, Lautaro Martínez abrió el marcador después de fallar un penal y capturar el rebote, mientras que un gol en contra de Moumouni Diallo, tras un remate de Julián Álvarez, amplió la ventaja. Después llegó el turno de Gianluca Prestianni, que convirtió el tercero, y de Nicolás Paz, quien anotó tras una asistencia de Alexis Mac Allister. Antes del descanso, Álvarez volvió a marcar y estableció el 5 a 0.
Con el partido prácticamente resuelto en el primer tiempo, el complemento se transformó en una oportunidad para repartir minutos y observar alternativas. Franco Mastantuono convirtió el sexto, mientras que Giuliano Simeone puso cifras definitivas con un cabezazo. Además, Scaloni aprovechó para mover el equipo y darle espacio a futbolistas que buscan ganarse un lugar en una etapa que empieza a mirar hacia el futuro. Y si metió once cambios.
Un once diferente al de siempre. Otra vez sin Lionel
Una diferencia que condicionó la prueba
El problema no estuvo en que Argentina hiciera su trabajo, sino en las condiciones en las que tuvo que hacerlo. Burkina Faso llegó a Buenos Aires después de sufrir inconvenientes logísticos con su vuelo y con una delegación juvenil diferente de la prevista inicialmente, un contexto que condicionó todavía más un encuentro que ya presentaba una distancia considerable entre los dos seleccionados.
En esas circunstancias, exigirle a la Selección una demostración de superioridad podía resultar lógico, pero encontrar respuestas futbolísticas de peso era otra cuestión. Argentina tuvo la pelota, atacó con comodidad y convirtió siete goles, aunque el desarrollo no le presentó demasiados de los problemas que aparecen cuando enfrente hay un rival capaz de presionar, disputar el mediocampo y castigar los errores.
Por eso, el resultado tiene un valor relativo a la hora de sacar conclusiones. La contundencia siempre es positiva y mantener la seriedad ante un adversario inferior también forma parte de las obligaciones de un equipo de esta categoría, pero una goleada de estas características no permite saber demasiado sobre cómo responderá Argentina ante una selección de mayor jerarquía.
Scaloni puso el foco en los jóvenes
Después del encuentro, el entrenador destacó el objetivo de darles minutos a los futbolistas que buscan consolidarse en el seleccionado. “En líneas generales cumplimos el objetivo. Todos los chicos jóvenes están aportando frescura, quieren estar”, sostuvo Lionel Scaloni, en una lectura que apuntó más al funcionamiento del plantel y a la posibilidad de observar nuevas alternativas que al resultado en sí.
El técnico también valoró que los jugadores mantuvieran la concentración pese a la diferencia en el marcador y remarcó la importancia de respetar tanto al rival como a los hinchas que acompañaron al equipo. En ese sentido, el amistoso cumplió una función concreta, ya que permitió probar variantes, observar a los más jóvenes y ampliar las opciones disponibles para el futuro.
Sin embargo, la propia mirada de Scaloni dejó lugar para una discusión más amplia. El entrenador reconoció que le gustaría enfrentar a rivales más potentes, aunque también relativizó la idea de que la jerarquía del adversario sea una garantía de exigencia, al recordar que Argentina sufrió ante selecciones consideradas inferiores.
La cuestión, entonces, no pasa por desmerecer una victoria ni por exigir que cada amistoso se convierta en una final, sino por encontrar partidos que realmente obliguen al equipo a resolver dificultades. Después de una etapa en la que Argentina se acostumbró a competir en los escenarios más importantes, el desafío también consiste en sostener ese nivel cuando las condiciones de preparación no siempre están a la altura de las necesidades.
El 7 a 0 ante Burkina Faso dejó goles, minutos para los jóvenes y una nueva demostración de contundencia. Lo que no dejó fue una medida demasiado precisa sobre el presente de la Selección. Y esa diferencia entre ganar con autoridad y encontrar una prueba que permita crecer es, precisamente, lo que convierte a este amistoso en un partido bastante más discutible de lo que indica el resultado.