Lo que se pierde

La comida que queda afuera del circuito y mueve una cifra millonaria

  En supermercados y autoservicios se descartaron 73 millones de kilos de alimentos durante 2025. El dato permite mirar dónde se produce la merma.  
Imagen no disponible
Por El Editor Mendoza

Durante 2025, supermercados y autoservicios de la Argentina dejaron fuera del circuito de consumo unos 73 millones de kilos de alimentos. El dato surge de la medición que realiza el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos junto al sector supermercadista y permite poner en números una parte de la comida que se pierde antes de llegar a los consumidores.

El volumen también tiene una traducción económica, de acuerdo con la estimación oficial, las pérdidas asociadas a esos alimentos alcanzaron los $370.520 millones, una cifra que dimensiona cuánto representa la merma dentro de una cadena que comienza mucho antes de que el producto llegue a la góndola.

El dato corresponde específicamente al sector de supermercados y autoservicios. Es decir, no representa todo el desperdicio de alimentos que se genera en el país, sino una parte concreta de la cadena comercial que es relevada a través del Tablero de Mermas de Alimentos y Bebidas.

Qué alimentos terminan fuera del circuito

Entre los productos que concentran buena parte de la merma aparecen lácteos, fiambres y alimentos refrigerados, categorías particularmente sensibles por sus condiciones de conservación y por los plazos de comercialización.

La medición oficial busca justamente identificar dónde se producen esas pérdidas y cuáles son las causas que explican que un alimento deje de estar disponible para el consumo.

El relevamiento cuenta con información que permite analizar las mermas según distintos períodos, regiones, provincias, categorías de productos y formatos de las tiendas. De esa manera, el problema no queda reducido solamente a la cantidad de kilos descartados, sino que permite observar cómo se comporta la pérdida dentro de la propia cadena comercial.

En ese esquema aparece una diferencia importante entre pérdida y desperdicio. No todo alimento que sale de la góndola responde al mismo motivo. Hay productos que llegan a su vencimiento, otros que sufren problemas en su presentación o embalaje, devoluciones a proveedores y también frutas y verduras que pierden valor comercial antes de ser vendidas.

Imagen no disponible

Un problema que también se mide en los hogares

El desperdicio tampoco termina en los supermercados, ya que el propio Plan Nacional comenzó a incorporar mediciones específicas sobre lo que ocurre dentro de los hogares argentinos, con estudios destinados a conocer cuánto alimento se descarta y cuáles son los principales motivos.

La diferencia es importante porque los 73 millones de kilos corresponden al sector minorista, mientras que el desperdicio alimentario atraviesa distintas etapas, desde la producción hasta el consumo final.

A nivel internacional, los datos utilizados por el organismo oficial muestran que los hogares representan la mayor parte del desperdicio de alimentos, seguidos por los servicios de alimentación y el comercio minorista. Por eso, la cifra registrada en supermercados permite observar solamente una parte de un problema mucho más amplio.

Según relevamiento local, la canasta basica sufre un aumento del 4,7% en La Plata.

La otra cifra que aparece en paralelo

El dato adquiere otra dimensión cuando se lo cruza con la situación social que atraviesa el país. Según el INDEC, durante el primer semestre de 2026 el 32,3% de las personas se encontraba por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 7,5% estaba por debajo de la línea de indigencia. En términos de hogares, la pobreza alcanzó al 24,4%, mientras que la indigencia llegó al 5,6%.

Las dos mediciones hablan de fenómenos diferentes y no permiten establecer que los alimentos descartados sean automáticamente alimentos que podrían llegar a las personas que están bajo la línea de pobreza. Pero sí permiten observar dos dimensiones que conviven dentro de la misma realidad económica: por un lado, una parte de la población con dificultades para acceder a determinados bienes y, por otro, un volumen significativo de alimentos que abandona el circuito comercial.

El desafío aparece entonces en lo que ocurre entre ambos extremos. La Argentina ya cuenta con una estructura oficial destinada a medir las pérdidas y el desperdicio y también con un plan de acción que plantea, entre otros objetivos, reducir los alimentos que terminan descartados por vencimiento, disminuir las devoluciones a proveedores, minimizar la merma de frutas y verduras y aumentar el rescate y la donación de alimentos.

Los 73 millones de kilos registrados durante 2025 funcionan así como una fotografía de una parte del problema. No muestran toda la comida que se pierde en el país, pero sí permiten ponerle un número concreto a lo que ocurre dentro de supermercados y autoservicios antes de que esos productos lleguen a la mesa.

Ver versión completa →