Mendoza lanzó su primer clúster de carbono con el objetivo de mejorar la competitividad de empresas locales que buscan exportar productos o servicios. A través de la medición de la huella de carbono, las compañías pueden demostrar prácticas sostenibles, requisito cada vez más relevante en mercados internacionales como la Unión Europea, Colombia, Brasil y México.
En esos países ya existen regulaciones que penalizan productos con alto impacto ambiental.
El proyecto es coordinado por GenB Economía, consultora mendocina especializada en economía de triple impacto, y se articula dentro del ecosistema Mendoza Regenera, una red de empresas comprometidas con la sostenibilidad ambiental, económica y social.
La huella de carbono es una herramienta de gestión clave que permite calcular las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por una organización, producto o servicio. La huella de carbono es una herramienta de gestión clave que permite calcular las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por una organización, producto o servicio.
"Con estos datos, las empresas pueden mejorar sus procesos, posicionarse mejor en mercados internacionales y acceder a beneficios como financiamiento verde o certificaciones internacionales”, explicó Marisol Cavichioli, directora de GenB Economía.
Turismo y producción sostenible, las apuestas del clúster
Uno de los pilares del clúster es el desarrollo de productos turísticos sostenibles. La iniciativa Mendoza Regenera agrupa a agencias, bodegas, restaurantes y hoteles que reducen residuos, compensan emisiones y promueven prácticas responsables. Estas propuestas, además de atraer turistas con conciencia ambiental, generaron más del 5% de aumento en ventas el último año.
El impacto se ve reflejado también en la capacitación y medición: desde su creación en 2021, GenB acompañó procesos para más de 2.500 toneladas de carbono medidas y capacitación a 300 personas. Las empresas participantes, además, pueden compensar sus emisiones en el Mercado Voluntario de Carbono (MVC) de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA), lo que les permite alinear sus objetivos ambientales con estándares internacionales.
Un ejemplo práctico sería una pyme vitivinícola de Mendoza: si logra certificar una huella de carbono baja, podrá exportar con ventajas competitivas a Europa, donde ya rige el Mecanismo de Ajuste por Carbono en Frontera (CBAM).
Un modelo replicable para otras regiones
El clúster mendocino fue recientemente distinguido como “Señal de Futuro” por Pinelatam y la Universidad Nacional de Córdoba, como una experiencia pionera de impacto positivo y regenerativo. La propuesta busca inspirar a otras provincias a replicar este modelo, que combina sostenibilidad con desarrollo productivo.
“Queremos que más organizaciones midan su impacto, por exigencia externa y como una estrategia real de crecimiento y resiliencia”, señaló Cavichioli. El desafío, advierten, es transformar la sostenibilidad en una ventaja estratégica concreta que impulse la innovación, el empleo y el comercio exterior.