Más allá de la pelea con Milei.

Paolo Rocca, el hombre más rico del país, despidió a más de 100 trabajadores en Tenaris SIAT

Más de un centenar de telegramas de preaviso de despido llegaron esta semana a los trabajadores de Tenaris SIAT, propiedad de Paolo Rocca.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
13 de marzo de 2026 - 13:30

Rocca despide tras perder una licitación clave

Los empleados de la planta de Rocca denunciaron precarización laboral y presuntas irregularidades legales. Según testimonios recogidos por agrupaciones gremiales, la empresa habría decidido avanzar con las desvinculaciones tras perder una licitación clave para Vaca Muerta.

El contrato, valuado en más de 200 millones de dólares, fue adjudicado a la compañía india Welspun, que ofreció un precio 40% más bajo que Techint y condiciones de pago más flexibles. La derrota no solo significó un golpe económico para Rocca, sino también un revés simbólico: el empresario que se había erigido como defensor de la industria nacional quedó desplazado por un competidor extranjero.

Tenaris ofreció otros modos de contratación

En paralelo, los trabajadores de Tenaris SIAT relatan que la empresa ofreció extender algunos contratos por un mes adicional, pero bajo condiciones excepcionales: jornadas de hasta 12 horas diarias para completar producciones pendientes. La amenaza implícita de despido acompañaba cada propuesta. Más del 70% del personal de la planta, aseguran, está bajo contratos temporales renovados mes a mes, una modalidad que especialistas en derecho laboral consideran irregular. También se cuestiona la ausencia de un Procedimiento Preventivo de Crisis, obligatorio cuando se busca despedir a un porcentaje significativo de la plantilla.

tenaris

El ataque directo de Milei

La tensión laboral se amplifica por el contexto político. Apenas dos días antes de que se conocieran los telegramas, Milei volvió a cargar contra Rocca en Nueva York, durante un foro organizado por la Embajada argentina junto al JP Morgan y el Bank of America. “Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla son dos empresarios prebendarios”, lanzó el presidente, golpeando el atril. “Se terminó la Argentina corrupta. Aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros”. No era la primera vez que apuntaba contra el dueño de Techint, a quien en redes sociales llegó a llamar “Don Chatarrín”.

La licitación que encendió la mecha

La apertura comercial que impulsa Milei choca con la visión de Rocca, que históricamente denunció la competencia desleal de productos asiáticos. En la última fiesta de fin de año de Tenaris, el empresario había prometido a sus empleados que haría “todo lo posible para contrastar importaciones desleales”. Sin embargo, esta vez el desafío no vino de China, su habitual blanco, sino de la India. La adjudicación a Welspun, con tubos fabricados con chapa china, expuso las tensiones entre el Gobierno y los industriales locales.

Rocca igual tiene buenos dividendos

Mientras tanto, las cifras del grupo Techint muestran otra cara. Ternium anunció dividendos por más de 123.000 millones de pesos y Tenaris reportó beneficios financieros en 2025, además de inaugurar nuevas instalaciones en Campana. La revista Forbes estima la fortuna personal de Rocca en 7.300 millones de dólares.

La paradoja es evidente: mientras las empresas del conglomerado exhiben resultados positivos, cientos de trabajadores enfrentan la posibilidad de quedar en la calle.

Reclamos de la UOM y futuro incierto

La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y otros sectores sindicales reclaman la intervención de las autoridades laborales. Piden visibilidad pública y la apertura de instancias de negociación que permitan preservar el empleo. En los pasillos de la planta, la incertidumbre es palpable.

Los telegramas no solo anticipan despidos, sino que simbolizan un capítulo más en la disputa entre un presidente que busca dinamitar las viejas estructuras y un empresario que, durante décadas, fue sinónimo de poder industrial en la Argentina.

Un espejo de la tensión nacional

El conflicto de Valentín Alsina es, en definitiva, un espejo de la tensión mayor: la redefinición del modelo económico argentino. Entre discursos incendiarios, licitaciones millonarias y telegramas de despido, se juega algo más que el futuro de un centenar de trabajadores. Se juega la relación entre el Estado y los grandes grupos empresarios, y el rumbo de una industria que, en medio de la apertura comercial, se pregunta si todavía tiene un lugar en la Argentina que viene.

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