Reviví los mejores momentos del Acto Central de la Vendimia
Santiago Tagua
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Minutos después de las 21, el aire del Teatro Griego Frank Romero Day se llenó de nostalgia y expectativa. La edición 2026 de la Fiesta Nacional de la Vendimia no fue una más: fue la celebración de las 90 cosechas de una tradición que define la identidad mendocina.
El inicio estuvo marcado por el color y el respeto, con un desfile de reinas de mandato cumplido vestidas de azul, quienes saludaron a las miles de personas que desafiaron la inestabilidad climática para ser parte del rito.

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Luego de la tradicional previa a cargo de Los Trovadores de Cuyo y la sentida despedida de las soberanas salientes, Alejandrina Funes y Sofía Perfumo, el escenario se encendió para dar paso a la narrativa central.

La propuesta de Pablo Mariano Perri -quien ya había cautivado en 2024 con Coronados de historia y futuro- apostó esta vez por un recurso histórico y fantástico. Los espíritus de Guillermo Cano (gobernador entre 1935 y 1938) y Frank Romero Day (ministro de Obras Públicas) regresaron del pasado para ser testigos de la magnitud que alcanzó aquella semilla que plantaron en 1936 con el Decreto N°87.
A través de 3 actos y 11 cuadros, el viento actuó como el hilo conductor que llevó a los protagonistas (y al público) a recorrer desde el legado de los huarpes y la llegada de los inmigrantes italianos y españoles, hasta la consolidación del Teatro Griego como el "altar de piedra" de la provincia.

La música, dirigida por Paíto Figueroa, y el coro en vivo sostuvieron el pulso emocional de la noche, transitando géneros como el chamamé, malambo, zamba y carnavalito. Sin embargo, dos momentos se llevaron las ovaciones más cerradas.
La destreza del tango, desarrollado sorprendentemente dentro de la fuente de agua del escenario, fusionando elegancia y plasticidad. En tanto, la aparición de la Virgen de la Carrodilla, protegida de los viñedos, que como cada año generó un silencio respetuoso seguido de un aplauso cerrado.
El despliegue técnico no se quedó atrás. El uso de las tradicionales cajas lumínicas —homenaje al maestro Abelardo Vázquez— convivió en armonía con la modernidad: un impactante espectáculo de drones que dibujó figuras en el cielo mendocino, cerrando el Acto Central con una postal del siglo XXI.

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El nudo dramático de la obra llego cuando los personajes de Cano y Romero Day comenzaron a desvanecerse ante la amenaza de la pérdida de identidad. Fue un recordatorio directo a la sociedad: un pueblo que olvida su historia pierde su rumbo. No obstante, la figura del productor que "cultiva la fe" permitió el retorno de la esperanza y el cierre celebratorio.
Con fuegos artificiales y máquinas de fuego enmarcando el escenario, Mendoza reafirmó que la Vendimia es, en esencia, un ciclo de vida. Como bien dictó el epílogo de la noche: "Todo en la vida es un ciclo, un permanente volver a empezar".

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Para el cierre, la sorpresa fue el espectáculos de imágenes creadas con drones que aparecieron en el cielo del Frank Romero Day.
