Declaraciones de interés, la fábrica de humo de la Legislatura: free pass para favores y canjes
La Legislatura es prolífica en la sanción de declaraciones sin impacto directo.
La Legislatura es prolífica en la sanción de declaraciones sin impacto directo.
La Legislatura es prolífica en la sanción de declaraciones sin impacto directo.
La Legislatura es prolífica en la sanción de declaraciones sin impacto directo.
En los pasillos de la Legislatura de la Peatonal Sarmiento existe una moneda de cambio que no cotiza en el mercado formal, pero que consume horas de debate y recursos públicos: la Declaración de Interés; un free pass para favores y las tentaciones del canje o la venta sin más de pergaminos legislativos a personas, ONG, proyectos o empresas.
Las declaraciones son emisiones con el sello de las cámaras legislativas que no requieren más trabajo para los legisladores que encargar una reseña y un proyecto de dos o tres articulos a un secretario para sacar pecho por alguna causa o empresa o persona. La Legislatura no se encuentra por este tipo de actividad vallada ni custodiada, como ocurre con la aprobación de leyes impopulares.

Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
Durante la última década, las Cámaras de Senadores y Diputados de Mendoza han perfeccionado una maquinaria burocrática dedicada a emitir reconocimientos que tienen la misma fuerza legal que un saludo de cortesía o una promesa proselitista. El valor de las declaraciones es intangible. Su precio lo saben las comisiones directivas que operan su adquisición y lucen orgullosas un pergamino legislativo en el primer plano arquitectónico del club, organización o empresa que decide colgar en sus sedes el pergamino legislativo.
Balance desde 2016 hasta 2026: mientras la provincia enfrenta desafíos estructurales en infraestructura, gestión del agua y seguridad, la labor parlamentaria se ha visto inundada por una marea de expedientes que "declaran el interés" casi a cualquier actividad imaginable, desde la presentación de un libro con escasa circulación hasta congresos de temáticas abstractas, sin que ello se traduzca en una sola partida presupuestaria o mejora tangible para los ciudadanos.
La primera mitad de la década mostró una Legislatura de Mendoza cómoda en el rol de "escribanía de homenajes". El reconocimiento sistemático a personalidades de los departamentos o la multiplicidad de declaraciones sobre la Fiesta Nacional de la Vendimia sirvieron, en muchos casos, para ocultar la incapacidad de sancionar leyes de fomento real a la cultura.
Este periodo se caracterizó por una "inflación de etiquetas". Declarar algo de "interés provincial" se convirtió en el consuelo administrativo para organizaciones y artistas que, en lugar de subsidios o exenciones impositivas, recibían un diploma para colgar en la pared. ¿En qué mejoró la situación de las bibliotecas populares o de los pequeños productores tras ser objeto de estas declaraciones? La respuesta, en la mayoría de los casos, es el silencio.
Con el fin de la pandemia, la tendencia giró hacia la modernidad. Las declaraciones de interés comenzaron a incluir términos como Inteligencia Artificial (IA), Transición Energética y Sustentabilidad. Este fenómeno, que algunos analistas denominan "tech-washing" legislativo, permitió a los bloques políticos mostrarse a la vanguardia sin necesidad de abordar regulaciones complejas o inversiones reales.
Lo mismo ocurrió con la actividad extractiva. Las declaraciones de interés sobre Malargüe Distrito Minero Occidental han funcionado más como una operación de prensa para calmar mercados y sectores sociales que como un marco normativo sólido que garantice el control ambiental y el retorno económico para la provincia.
Incluso hoy, con el rimbombante Pacto ConCiencia Mendoza 2050, el riesgo de caer en la misma trampa es alto. Se declaran intenciones de diálogo y planificación a largo plazo, pero los problemas urgentes —como la crisis hídrica o la ludopatía online que afecta a los jóvenes mendocinos— siguen esperando leyes vinculantes que obliguen al Ejecutivo a actuar, no solo a "interesarse".

La Legislatura convertirá en ley al presupuesto 2026. Santiago Tagua/ElEditor Mendoza
En conclusión, la década 2016-2026 deja una lección de cinismo institucional. Mendoza ha perfeccionado el arte de "interesarse" por todo sin comprometerse con nada. Mientras la Legislatura no recupere su función de transformar la realidad a través de leyes operativas y deje de lado la producción industrial de diplomas, las declaraciones de interés son el epitafio de las soluciones que nunca llegan.
Cultura y Educación: 45%
Ciencia y Tecnología: 20%.
Salud y Deporte: 15%
Ambiente y Energía: 10%
Institucional/Otros: 10%
En el último lustro, el enfoque viró fuertemente hacia la tecnología y la salud mental post-pandemia.
Recientemente, las declaraciones han servido para respaldar cambios en la matriz productiva provincial.
A pesar de la pomposidad de los actos y los diplomas enmarcados, la actividad de la Legislatura provincial entre 2016 y 2026 se ha caracterizado por una preocupante inflación de "gestos simbólicos". En definitiva, la última década muestra una Legislatura de Mendoza que ha funcionado como una onerosa imprenta de vanidades, mientras le aprobaba las leyes de Alfredo Cornejo.