Los argentinos toman cada vez menos vino, aunque cae su precio relativo: dramática tendencia para la economía
-El doble golpe complica la coyuntura de la industria madre de la provincia.
-Con los costos alimentados por la inflación, la rentabilidad del vino flaquea.
PorJavier Polvani
6 de marzo de 2026 - 23:26
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El vino se enfrenta a una peligrosa tendencia del mercado argentina.
La retracción del consumo y los precios al consumidor de los vinos son las dos variables más dañinas que jaquean a los protagonistas de la vitivinicultura de Mendoza. Esa relación alimenta una preocupación en el universo de la producción que no se disipa con la algarabía de la celebración de la edición número 90 de la Fiesta de la Vendimia.
Con el consumo masivo deprimido y sin vías claras para abandonar ese estado, los vinos argentinos perdieron una tajada importante de la demanda, salvo los de la franja la que apunta a los bebedores más fanáticos con alto poder adquisitivo, quienes definen las compras por sus gustos sin tanta injerencia del costo de los artículos. En 2025 cayó 17% respecto al 2024 el volumen de vinos despachos por las bodegas al mercado nacional.
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La industria respondió a la evolución a la baja del consumo con un congelamiento, cuando no rebaja, de los precios, mientras los costos de los insumos para la producción subían al ritmo de la inflación, salvo por la uva que también vio frenado su precio. Como resultado, se hizo añicos el margen de rentabilidad de los negocios de la cadena del vino.
Vino en retroceso
Estudios de mercado arrojan que el consumo de vino per cápita en Argentina se ubica en 15 litros por años. Esa marca deja en evidencia una evolución lamentable desde el punto de vista de la oferta, que gozaba hasta hace unos cuatro con una demanda cuantificada en 25 litros por habitante por año.
La retracción del consumo de vino por parte de los argentinos no es nueva: hoy la industria añora el tamaño del mercado de esos tiempos cercanos, aunque sea muy inferior al que se presentaba hacia 2004, cuando las bodegas distribuían en el comercio nacional unos 35 litros de vino por cada argentino. La tendencia descendente continuó con 23,8 litros anuales en 2015 y 16,3 litros en 2024, hasta instalarse en los 15 litros per cápita actuales.
Tampoco es único en el contexto global el achicamiento de la cantidad de vino que se consume por cada habitante en Argentina: mientras que en los países que sumaron más tarde el vino a su combo de artículos de consumo masivo las ventas crecen, se desploman en los que tradicionalmente se injiere la elaboración de las uvas.
La debacle del mercado del vino no escapa a las generales de la evolución a la baja de la demanda que registraron otras ramas de la economía con las mercaderías que llevan a las góndolas nacionales, más aún de las que no son consideradas de primera necesidad. La precarización del mercado que golpea al vino entre otros productos de la canasta habitual de los argentinos es consecuencia directa del desmejoramiento potente y prolongado del poder adquisitivo en bolsones gigantes de consumidores.
La competencia
No obstante, en el caso del vino el consumo también responde al resultado de la confrontación en la góndola con bebidas alternativas con fuerte inserción popular, como la cerveza, que amplía continuamente su participación en el universo de las propuestas alcohólicas con las que convive.
robo de cerveza
imagen ilustrativa
Las calamidades soportadas por la vitivinicultura en la coyuntura no se terminan con la señales del consumo y los precios en el mercado nacional. En paralelo al empobrecimiento del volumen requerido por los argentinos, los negocios vitivinícolas pagan con la profundización de la crisis que ya estaba en pleno desarrollo el acotamiento de los pedidos de vino argentino desde el exterior, una dinámica que se repite en el mercado del mosto, que actúa como atenuante de la presión sobre la oferta total de vinos atrapando miles de quintales de uva de cada cosecha, que de otra forma irían a los lagares que las mueles para obtener el jugo que al fermentar se convierte en vino.
En concreto, las exportaciones de vinos y mostos también experimentaron un desempeño negativo durante 2025. Entre enero y agosto, las exportaciones disminuyeron 8,4% en volumen respecto del período equivalente de 2024, con caídas más marcadas en el vino color (–9,8%) y particularmente en el vino a granel (–11,9%).