El mercado inmobiliario actual muestra una realidad compleja: durante el último año se otorgaron 44.305 créditos hipotecarios UVA. Aunque representa una mejora tras la pandemia, la cifra es un 22% menor a los niveles alcanzados durante el gobierno de Mauricio Macri, evidenciando barreras de acceso y una creciente preocupación por la sostenibilidad de la deuda en el tiempo.
Créditos inmobiliarios imposibles
El acceso al sueño de la casa propia se ha vuelto un filtro de ingresos exclusivos. Actualmente, entidades como el Banco Nación exigen ingresos mensuales de $12 millones para otorgar préstamos de $300 millones, con cuotas iniciales que rondan los $ 3 millones. Esta exigencia no solo limita el universo de beneficiarios, sino que expone la fragilidad del sistema ante la inflación: en los últimos 18 meses, mientras los salarios públicos permanecieron estancados, la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se ajustó un 52%.
Esta dinámica genera un fenómeno de "deuda perpetua" en los primeros tramos del préstamo, donde el capital adeudado crece más rápido que la capacidad de pago. Como consecuencia, la mora familiar ha escalado, situando a un 13% de los hogares en niveles de incumplimiento, especialmente aquellos vinculados a préstamos con billeteras virtuales y fintech. Ante la asfixia, muchos propietarios han optado por colgar el cartel de venta para cancelar sus deudas y buscar opciones más económicas.
Mercado inmobiliario
La oferta de propiedades ha crecido entre un 5% y un 10%, alcanzando un stock de 110.000 unidades. Los precios de cierre muestran una realidad ajustada: los departamentos de dos ambientes promedian los u$s 110.000, mientras que las unidades más grandes de cuatro ambientes pueden llegar a los u$s 280.000. Debido a la escasez de crédito y salarios en dólares estancados, las operaciones suelen cerrarse con rebajas de hasta el 6% sobre el precio de lista.
A diez años de su creación, el sistema UVA ha permitido que 200.000 argentinos dejen de ser inquilinos. Sin embargo, el peso de los servicios públicos y la indexación constante han transformado ese beneficio inicial en una carga de difícil cumplimiento, marcando un cambio de tendencia hacia la cancelación anticipada o la salida definitiva del circuito hipotecario.