Tesoros de hielo: qué es un periglaciar y cuántos hay en Mendoza según el Conicet
En la zordillera de Malargüe hay glaciares y una gran extensión de zona periglaciar.
En la zordillera de Malargüe hay glaciares y una gran extensión de zona periglaciar.
En la zordillera de Malargüe hay glaciares y una gran extensión de zona periglaciar.
En la zordillera de Malargüe hay glaciares y una gran extensión de zona periglaciar.
Los ambientes periglaciares son zonas de clima frío próximas a glaciares o en alta montaña, caracterizadas por procesos de congelación y descongelación, y la presencia de suelo congelado (permafrost) sin hielo superficial constante. Actúan como importantes reservas de agua dulce y moldean el paisaje mediante procesos criogénicos. Esos reservorios, hoy intangibles según la Ley de Glaciares, son blanco de apetencias mineras que pretenden explorar, y virtualmente explotar, los minerales que yacen bajo su suelo.
Mendoza alberga una gran cantidad de cuerpos de hielo y ambientes periglaciares, siendo la segunda provincia argentina con mayor superficie glacial. Según el inventario realizado por el IANIGLA, la provincia cuenta con 4.172 cuerpos de hielo inventariados que cubren aproximadamente 1.230 , principalmente en la Cordillera de los Andes.
Según el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla) existen diferentes criterios, algunos más arbitrarios, otros más cuantitativos, para definir lo que llamamos “ambiente periglacial”. La elección de estos criterios depende en general de los datos disponibles y del objetivo que se persigue. Por ejemplo, no es lo mismo definir un ambiente a escala local (un par de kilómetros) que a una escala regional (decenas a cientos de kilómetros) donde ya se habla de paisaje y no de ambiente.
Indica el Ianigla que el ambiente periglacial a escala regional en la Cordillera de los Andes, se desarrolla en la alta montaña, asociado principalmente al efecto que tiene la topografía, de esta inmensa masa montañosa, sobre la temperatura, radiación solar y circulación de las masas de aire, a escala global.

La reforma de la Ley de Glaciares está en la mira de Javier Milei. En Mendoza, un protocolo habilita a las mineras a actuar en periglaciares.
En forma general el ambiente periglacial se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario, el cual se encuentra por encima del límite del bosque, si es que éste existe, y que está caracterizado por:
* Ocurrencia de suelo congelado permanente o permafrost.
* Dominio de los ciclos de congelamiento y descongelamiento que afectan a las rocas y a la parte superior del suelo, y de procesos periglaciales formadores de crioformas.
La unidad de Geocriología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) sostiene que en la Cordillera de los Andes, el ambiente periglacial tiene que contener suelos congelados permanentes de montaña, ya que, si bien existen zonas “periglaciales” donde se desarrollan procesos asociados al congelamiento y descongelamiento diario o estacional, éstos no modifican de gran manera el paisaje, como sí se observa en las áreas en donde existe o existieron suelos congelados permanentes.
Por lo tanto, el ambiente periglacial en los Andes está definido no sólo por un clima frío bajo cero, sino también por procesos y características geomorfológicas, como son la presencia de suelos congelados permanentes y la acción intensa de los ciclos de congelamiento y descongelamiento.
El núcleo del debate se concentra en la relevancia de los ambientes periglaciares. Aunque no siempre contienen glaciares visibles, cumplen una función estratégica: actúan como reservas de agua dulce en estado sólido y como reguladores del caudal de ríos. En años de sequía, estudios científicos han demostrado que pueden aportar hasta un 30% al caudal de los ríos cordilleranos, lo que los convierte en un recurso esencial para la seguridad hídrica de comunidades que dependen de esas fuentes.
Zalazar lo sintetizó así: “La protección del ambiente periglacial implica proteger hielo, es decir, agua dulce en estado sólido”. Desde Greenpeace, Rossi Serra recordó que la Ley General de Ambiente establece el principio precautorio, lo que obliga a preservar incluso en escenarios de incertidumbre científica. Reducir la protección de estas áreas, advierten los especialistas, podría comprometer reservas estratégicas de agua en regiones áridas y semiáridas del país.
En definitiva, los periglaciares no son solo un concepto técnico: representan un recurso estratégico para el equilibrio ecológico y la disponibilidad de agua en Argentina. Su preservación o flexibilización será uno de los puntos más sensibles en el debate legislativo.