La pobreza, el hacinamiento, la malnutrición y las dificultades para acceder a una vivienda estable aparecen entre las principales condiciones que favorecen la transmisión de la tuberculosis en Argentina. A este escenario se suman las jornadas laborales extensas y los problemas para sostener los tratamientos. Según cifras oficiales, hasta la semana epidemiológica 40 de 2026 se registraron 11.286 casos, un 18% más que la mediana del mismo período entre 2022 y 2025.
La situación fue analizada en un estudio presentado durante el 54° Congreso Argentino de Medicina Respiratoria, organizado por la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR). El trabajo advierte que algunos indicadores de la enfermedad volvieron a niveles similares a los de hace 45 años, particularmente en los casos infantiles y las dificultades para completar los tratamientos.
El crecimiento de las notificaciones también se observa en la comparación de los últimos años. Los casos registrados pasaron de 10.896 en 2020 a 17.283 en 2025, un incremento cercano al 60%, según el Boletín Epidemiológico Nacional. Para este año, especialistas estiman que el país podría terminar con una cifra cercana a los 18.000 diagnósticos.
Otro dato que preocupa a los profesionales es el aumento de la tuberculosis entre los chicos. Entre 2020 y 2024, las notificaciones en menores de 15 años crecieron a un promedio del 19,1% anual.
Los neumonólogos explican que la detección de la enfermedad en un niño puede revelar que existe un adulto de su entorno, como alguno de sus padres o una persona a cargo de su cuidado, que tiene tuberculosis activa y no fue diagnosticada a tiempo.
Pobreza, hacinamiento y dificultades para sostener los tratamientos
Las condiciones de vida tienen un papel central en la expansión de la enfermedad. El hacinamiento, la pobreza, la indigencia y la malnutrición favorecen la transmisión de la bacteria Mycobacterium tuberculosis. También se mencionan las jornadas laborales de hasta 16 o 18 horas, especialmente en talleres de costura.
Los especialistas advierten sobre la concentración de casos entre personas que viven en paradores y centros de inclusión, donde comparten espacios con otras personas y tienen mayores dificultades para mantener condiciones adecuadas de cuidado.
La informalidad laboral también agrava el problema. Cuando una persona enferma y pierde sus ingresos, puede dejar de pagar el alquiler y quedarse sin vivienda. Esa situación dificulta la continuidad de los controles médicos y del tratamiento.
Los cambios en la estructura sanitaria y el presupuesto
A fines de 2024, el Ministerio de Salud de la Nación eliminó la Coordinación Nacional de Tuberculosis y Lepra. Sus funciones quedaron incorporadas a la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis.
Profesionales de la salud advierten que la modificación debilitó los mecanismos de coordinación entre municipios, provincias y Nación, necesarios para organizar las tareas de prevención, detección y seguimiento de los pacientes.
Otro punto señalado es el presupuesto. Para 2026 se asignaron $3.214,84 millones a la prevención y el control de la tuberculosis. Sin embargo, los reportes citados por los especialistas indicaron que hasta abril no se había ejecutado ningún monto de esa partida.