Apenas unos meses después del inicio de la nueva era técnica y tras apenas cuatro Grandes Premios disputados bajo el reglamento 2026, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y la Fórmula 1 oficializaron un profundo cambio reglamentario que comenzará a regir desde la temporada 2027.
La decisión, tomada luego de una reunión virtual entre escuderías, fabricantes de motores y autoridades de la categoría, apunta a corregir uno de los aspectos más cuestionados del nuevo reglamento: la excesiva dependencia de la gestión energética en las unidades de potencia híbridas.
La modificación representa un giro importante respecto al concepto técnico que había sido presentado originalmente para 2026.
Las actuales unidades de potencia, concebidas bajo un reparto prácticamente equitativo entre el motor de combustión interna y el sistema eléctrico (50% y 50%), tendrán una vida útil mucho más corta de la esperada y quedarán marcadas por las críticas de pilotos, ingenieros y equipos.
El nuevo acuerdo alcanzado entre las partes contempla incrementar nuevamente el protagonismo del motor térmico. A partir de 2027, la distribución de potencia pasará a estar cerca de un 60% proveniente del motor de combustión interna y un 40% del sistema eléctrico.
El objetivo de la Fórmula 1 con los nuevos cambios
El objetivo principal es recuperar un estilo de conducción más agresivo y natural, reduciendo la necesidad de administrar constantemente la energía de las baterías durante las carreras.
La medida llega como respuesta directa a los problemas observados en el arranque de la temporada 2026. Desde las primeras competencias, varios pilotos manifestaron públicamente su descontento por las exigencias de manejo que imponían las nuevas reglas. La crítica principal apuntó a la imposibilidad de girar al límite durante gran parte de las vueltas, debido a la necesidad de conservar energía eléctrica y aplicar distintos modos de gestión para evitar quedarse sin batería en sectores clave de los circuitos.
En términos técnicos, la reforma implicará modificaciones significativas en las unidades de potencia. Según lo acordado en la reunión celebrada el viernes, los motores de combustión interna incrementarán su potencia máxima en 50 kW gracias a un aumento en el caudal de combustible permitido. Paralelamente, el sistema eléctrico reducirá su capacidad de 350 kW a 300 kW, disminuyendo así el peso específico de la energía recuperada y almacenada.