El estadio Feliciano Gambarte vivió una de sus jornadas más memorables el 25 de mayo de 1990, cuando Godoy Cruz recibió al Sevilla de España en un amistoso internacional que quedó grabado para siempre en la historia del club mendocino.
El verde césped del Feliciano Gambarte tiene innumerables recuerdos y uno de ellos es el amistoso estelar que disputó el Tomba ante el conjunto español.
El estadio Feliciano Gambarte vivió una de sus jornadas más memorables el 25 de mayo de 1990, cuando Godoy Cruz recibió al Sevilla de España en un amistoso internacional que quedó grabado para siempre en la historia del club mendocino.
Si bien el encuentro terminó con un triunfo 2 a 0 para el equipo andaluz, la verdadera fiesta estuvo en las tribunas y en la emoción de los hinchas bodegueros que colmaron el estadio para ver, nada menos, que a Norberto “Beto” Alonso vistiendo la camiseta del Expreso.
La presencia del exfutbolista de River Plate, apenas tres años después de su retiro profesional, fue el principal atractivo de la jornada. Con el número 10 en la espalda, el Beto volvió a calzarse los botines para conducir los hilos de un Godoy Cruz reforzado especialmente para la ocasión.
El equipo, dirigido por Alberto Isaías Garro, también contó con otros nombres de peso en el fútbol argentino, como Ricardo Gareca, por entonces delantero de Vélez Sarsfield, quien integró la delantera tombina luciendo la camiseta número 9, acompañado por el ídolo local, el "Cachorro" Abaurre.
Por aquellos días, el Sevilla se encontraba realizando una gira por Sudamérica como parte de su preparación previa al Mundial de Italia 1990. El equipo español, conducido por el técnico argentino Vicente Cantatore, llegó a Mendoza con un plantel alternativo debido a las ausencias de varios de sus titulares, convocados por sus respectivas selecciones nacionales para la cita mundialista. Aun así, el conjunto andaluz impuso condiciones y se llevó la victoria con autoridad.
Sin embargo, el foco de la atención estuvo lejos del marcador. Alonso, fiel a su estilo, apareció sobre la hora en el estadio y le pidió a Garro entrar recién en el segundo tiempo, argumentando que quería primero conocer a sus compañeros y no quitar protagonismo desde el arranque.
El DT accedió, y cuando el Beto ingresó al campo de juego en la segunda mitad, se desató la ovación. Cada toque, cada pase, cada pisada de pelota del “Beto” fue celebrada por el público como si se tratara de un gol. Su talento intacto brilló entre aplausos y nostalgia.