Lo que empezó como un debate técnico sobre cargas aerodinámicas terminó en un retiro mediático sin precedentes. Julián Santero, campeón 2024 del Turismo Carretera, anunció que no participará más en programas de televisión tras el "hate" masivo que recibió por sus declaraciones sobre el automovilismo de los años 90.
El mendocino, una de las figuras más profesionales de la actualidad, decidió priorizar su salud mental por sobre la exposición.
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La frase que encendió la mecha
Todo estalló en Última Vuelta (Fox Sports). Al ser consultado sobre si el TC debería quitar cargas para mejorar el espectáculo, como en las décadas pasadas, Santero fue tajante: calificó a aquel automovilismo de "casi amateur" en comparación con el profesionalismo extremo de hoy.
La comparación con los zonales y la invitación a "mirar el TN" si se busca chapa y falta de carga, no cayó nada bien en el ala más nostálgica de la hinchada "teceísta". La viralización fue inmediata y despiadada. Lo que para el piloto de BMW era un análisis de evolución técnica, para el público fue un desprecio a los ídolos del pasado.
"Preferiría no haber sido campeón": un descargo a corazón abierto
A través de un extenso reel en su cuenta de Instagram, Santero rompió el silencio con una honestidad brutal que sacudió al ambiente. El piloto confesó que los insultos y los mensajes de odio en sus redes sociales llegaron a un punto insoportable. "Hoy un campeonato no me da más o menos felicidad, pero sí me afecta entrar al celular y ver mensajes violentos", sentenció el mendocino, dejando claro que el título de 2024 hoy le pesa más de lo que lo disfruta.
La decisión es drástica y definitiva: Santero no irá más a programas de automovilismo. El campeón se cansó de las críticas por su situación económica -a las que tildó de falsas- y de los reclamos por la polémica definición del torneo pasado. "Soy una persona común y corriente, y hoy me afecta", reconoció, marcando un límite humano frente a la figura del deportista "blindado".
Un vacío difícil de llenar en la pantalla
La salida de Santero de la escena mediática es un golpe duro para el periodismo especializado. En una era donde los pilotos suelen declarar bajo un cassette aburrido, el mendocino aportaba opinión, análisis técnico y debate real. Su ausencia en los sets de TV es el síntoma de un automovilismo que, aunque sea profesional en la pista, sigue manejando niveles de intolerancia alarmantes en las tribunas digitales.