La eliminación de Italia en el repechaje rumbo al Mundial 2026, tras caer por penales ante Bosnia, dejó una herida profunda en el fútbol del país. No se trató solo de una derrota deportiva: el golpe se extendió al plano institucional y, sobre todo, económico, generando pérdidas millonarias y agravando una crisis que ya venía gestándose desde hace años.
La Azzurra no solo volvió a fallar en el objetivo de clasificar a la Copa del Mundo sino que además deberá observar el torneo desde casa por tercera edición consecutiva. Un dato impensado para una de las selecciones más laureadas de la historia, pero que hoy refleja un presente alarmante.
El impacto económico inmediato de la eliminación ronda los 30 millones de euros. Esta cifra contempla premios deportivos no percibidos, ingresos comerciales frustrados y penalizaciones contractuales.
La suma de dinero que perdió Italia
Uno de los factores más relevantes es la ausencia de premios otorgados por la FIFA. Cada selección clasificada recibe un piso cercano a los 9 millones de euros, monto que crece significativamente según el rendimiento. El campeón, por ejemplo, puede superar los 45 millones. Italia, al no participar, queda automáticamente fuera de ese reparto.
A esto se suman las consecuencias comerciales. Los contratos de patrocinio de la selección incluyen cláusulas que reducen ingresos en caso de no clasificación. Solo por este concepto, la federación dejará de percibir aproximadamente 9,5 millones de euros. Además, la pérdida de visibilidad internacional impacta directamente en la venta de merchandising y en la posibilidad de cerrar nuevos acuerdos comerciales.
El problema no es aislado, sino estructural. La Federación Italiana de Fútbol, históricamente considerada un activo sólido, enfrenta ahora una caída sostenida en su valor competitivo y comercial. Italia no disputa un Mundial desde 2014 y no supera los octavos de final desde 2006, año en que se consagró campeona. Esta sequía deportiva repercute directamente en su posicionamiento global.
En términos acumulados, la triple ausencia consecutiva en Copas del Mundo podría significar una pérdida cercana a los 100 millones de euros para la federación. Un número que evidencia la magnitud del deterioro y que enciende alarmas tanto en lo deportivo como en lo dirigencial.