El rugido del motor V8 moderno hizo vibrar los edificios de Palermo, pero hubo un momento de la jornada donde el tiempo pareció detenerse. Fue cuando Franco Colapinto apareció en escena a bordo de la réplica del Mercedes-Benz W196, la legendaria "Flecha de Plata" con la que Juan Manuel Fangio conquistó el mundo.
A través de sus redes sociales, Franco resumió el sentimiento que recorrió su cuerpo: “Qué suerte la mía y qué honor. Manejar un auto tan importante en la historia del automovilismo y además el de uno de mis ídolos, en mi propio país, fue un sueño hecho realidad”.
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Un viaje en el tiempo
Para que el homenaje fuera completo, Colapinto dejó de lado la tecnología actual. No utilizó su casco habitual de última generación, sino uno de estilo clásico en color marrón símil cuero, recreando la estética de la época en la que los pilotos corrían con el rostro al descubierto y el viento en la cara.
A una velocidad controlada, permitiendo que las miles de cámaras captaran cada detalle, el pilarense recorrió la Avenida del Libertador y la Avenida Sarmiento. El momento que quedará grabado en la memoria colectiva fue cuando, bandera argentina en mano, saludó a los fanáticos que se agolpaban en las vallas.
El nexo entre dos épocas
Este homenaje no fue solo una exhibición técnica; fue el reconocimiento de un joven de 22 años hacia el máximo ídolo del deporte motor nacional. La imagen de Franco en la Flecha de Plata sirvió para unir a las generaciones que vieron a Fangio con los chicos que hoy compran la gorra de Colapinto.
“Gracias por la oportunidad”, cerró Franco en su posteo, antes de prepararse para volver a la realidad de la Fórmula 1 moderna. El Road Show de Buenos Aires ya terminó, pero postales como esta confirman que lo que se vivió en Palermo fue mucho más que una simple carrera: fue un acto de identidad nacional.