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El consumo masivo estancado: ¿qué implica en el día a día?

Fundación NielsenIQ detectó que el consumo masivo se mantiene cerca de 0% interanual, y las familias cambiaron la forma de comprar para llegar a fin de mes
El consumo masivo estancado: ¿qué implica en el día a día?

Cada vez más argentinos le dicen adiós al changuito vacío y pasan a comprar solo lo necesario para el día.

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Fundación NielsenIQ detectó que el consumo masivo se mantiene cerca de 0% interanual, y las familias cambiaron la forma de comprar para llegar a fin de mes
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Fundación NielsenIQ detectó que el consumo masivo se mantiene cerca de 0% interanual, y las familias cambiaron la forma de comprar para llegar a fin de mes
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El consumo masivo estancado: ¿qué implica en el día a día?
Cada vez más argentinos le dicen adiós al changuito vacío y pasan a comprar solo lo necesario para el día.

El consumo masivo en Argentina se mantiene estable en torno al 0% interanual en lo que va del año, según la consultora NielsenIQ (NIQ). Detrás de ese número hay un dato que se refleja directamente en la vida cotidiana: las familias siguen comprando, pero cada vez toman más decisiones para reducir el desembolso de cada compra.

La desaceleración de la inflación no alcanzó para recuperar el consumo. Los gastos fijos, como las tarifas y los servicios, ocupan una mayor parte de los ingresos y dejan menos dinero disponible para las compras del día a día.

Por eso, un consumo que permanece en 0% no significa que el bolsillo esté cómodo. En la práctica, implica sostener el nivel de compras mediante más promociones, productos más económicos y compras de menor tamaño.

La situación se observa con claridad en los supermercados. Durante el período analizado se registraron 8 millones menos de transacciones que un año antes, mientras que los supermercados de cadena retrocedieron cerca de 3% y los autoservicios independientes crecieron alrededor de 3%.

Los alimentos son el único gran grupo que muestra crecimiento, con una suba de 1,1% en el año. En cambio, las categorías de limpieza caen cerca de 4% y cosmética retrocede 1,7%, en línea con la necesidad de priorizar los gastos considerados esenciales.

Además, más del 80% de las categorías de consumo masivo ajustaron sus precios por debajo del IPC. Esto muestra que las empresas no pueden trasladar todos sus costos a las góndolas porque el consumidor tiene cada vez menos margen para afrontar esos aumentos.

Cómo cambió la forma de comprar

El cambio no se limita a cuánto se gasta, sino también a cómo se hacen las compras. El consumidor busca productos y formatos que le permitan pagar menos en el momento, aunque eso no necesariamente implique que sean más baratos por litro o kilo.

El 54% de las categorías migró hacia formatos que requieren un menor desembolso y el 34% de la facturación de los supermercados se realiza mediante promociones. A su vez, los productos de bajo precio ya representan el 24% de las ventas.

Esto ayuda a explicar por qué el consumidor dejó de privilegiar tanto la compra grande para organizarse de otra manera. En lugar de llenar el changuito, las familias optan por compras más pequeñas y frecuentes, con el objetivo de controlar cuánto dinero sale de la billetera en cada visita.

El llamado “ticket hormiga” resume este cambio: el 41% de las compras en supermercados y autoservicios está compuesto por entre uno y cinco productos, según un relevamiento de Scentia. Las compras de más de 15 productos, en cambio, quedaron reducidas al 7,6%.

En paralelo, también cambió el lugar donde se compra. El consumidor combina supermercados, autoservicios, mayoristas y plataformas digitales para comparar precios y aprovechar promociones.

Los autoservicios independientes ganaron terreno frente a las grandes cadenas, mientras que las plataformas digitales también crecieron como una alternativa para buscar precios y descuentos. El comercio electrónico de bienes no durables aumentó 50% en valor y ya representa el 7,1% de las ventas totales.

El “consumidor derrotado” y los gastos que quedan afuera

Este escenario dio lugar a una nueva descripción del comprador: el “consumidor derrotado”. Se trata de familias que continúan consumiendo, pero que deben hacer un esfuerzo cada vez mayor para sostener las compras habituales.

Ese esfuerzo también aparece en las marcas. Para no reducir tanto la cantidad de productos que llevan a sus casas, muchos consumidores bajan un escalón en calidad y buscan segundas marcas, productos de mayoristas o marcas propias de supermercados.

Las promociones también pasaron a ocupar un lugar central. Ya no se trata simplemente de aprovechar una oportunidad ocasional, sino de organizar las compras alrededor de los descuentos y elegir dónde comprar cada producto según el precio disponible.

La estrategia puede implicar comprar alimentos en un comercio de cercanía, concurrir al supermercado solamente durante una promoción y buscar determinados productos en un mayorista. El resultado es que se necesita recorrer más opciones para conseguir el mismo presupuesto de compra.

El ajuste también se siente en los llamados gastos de gratificación. Mientras las familias intentan sostener el consumo de alimentos, otros productos pueden quedar relegados.

Así, cosméticos, perfumes, golosinas y otros productos que antes podían comprarse de manera impulsiva pasan a un segundo plano. 

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