La crisis que atraviesa la empresa avícola Granja Tres Arroyos volvió a golpear de lleno a sus trabajadores. En la planta ubicada en La Lonja, unos 200 empleados fueron suspendidos por un período de 180 días, en una medida que refleja la profundización de los problemas productivos y financieros de la compañía.
El esquema de trabajo dispuesto implica una reducción significativa de la actividad: los operarios solo cumplirán tres jornadas semanales en lugar de las cinco habituales. Los días no trabajados serán abonados al 50% del salario, y los pagos continuarán realizándose en cuotas, una modalidad que la empresa sostiene desde hace más de un año.
Malestar entre los trabajadores
La noticia generó un fuerte malestar entre los empleados, quienes cuestionaron el rol del sindicato en el conflicto. “El sindicato nos dejó a la deriva”, expresaron algunos trabajadores, aunque aclararon que un grupo reducido —unos 40 operarios del sector de productos rebozados— mantiene la actividad con normalidad.
El golpe de la gripe aviar
La situación de Granja Tres Arroyos no es nueva. El golpe más duro llegó en 2023, cuando la crisis sanitaria por gripe aviar obligó al cierre del mercado chino, destino clave para las exportaciones del sector. La pérdida de ese mercado representó unos 160 millones de dólares menos para la industria avícola y afectó de manera directa a la empresa, que vio reducido su volumen exportador del 33% al 25% de su producción.
Crisis, reestructuración y cierre de plantas
Desde entonces, la compañía inició un proceso de reestructuración que incluyó el cierre de su planta en Becar, Concepción del Uruguay, y el traslado de unos 270 operarios a otras instalaciones, con el objetivo de reducir costos. Sin embargo, esas medidas no lograron recomponer el flujo financiero.
Durante 2025, cerca de 400 trabajadores dejaron la empresa en el marco de despidos, retiros voluntarios y acuerdos, en un ajuste que se profundizó bajo un procedimiento preventivo de crisis.
Conflictos gremiales y paros
El deterioro de las condiciones laborales ya había generado tensiones a comienzos de este año. En enero, empleados de la planta de Pilar realizaron un paro en rechazo a una propuesta empresarial que planteaba saldar deudas salariales en hasta cinco cuotas. La conflictividad, por lo tanto, no es nueva, pero la nueva tanda de suspensiones vuelve a encender las alarmas.
Impacto social y económico
El impacto social de la medida es evidente. Los trabajadores suspendidos deberán afrontar seis meses de ingresos reducidos en un contexto económico complejo, con inflación persistente y un mercado laboral cada vez más restringido. La incertidumbre sobre el futuro de la planta y de la compañía en general se suma a la preocupación de las familias que dependen de esos salarios.
“No sabemos si después de los 180 días vamos a volver a trabajar o si esto es el paso previo a un cierre definitivo”, comentó un operario con más de diez años de antigüedad.
Una crisis estructural
La crisis de Granja Tres Arroyos también expone las dificultades estructurales de la industria avícola argentina, fuertemente dependiente de los mercados externos. La pérdida del acceso a China, sumada a la caída del consumo interno, dejó a las empresas en una situación de vulnerabilidad. En ese escenario, la falta de respuestas claras por parte de las autoridades y del sindicato genera un vacío que los trabajadores sienten cada vez más profundo.
Modelo productivo en crisis
La suspensión de 200 empleados en La Lonja no es solo un dato estadístico: es el reflejo de un modelo productivo que tambalea y de una empresa que, pese a ser una de las principales del sector, no logra encontrar un rumbo que garantice estabilidad. La crónica de Granja Tres Arroyos es la crónica de una crisis que se arrastra desde hace años y que, con cada nueva medida, parece profundizarse.
El futuro de la compañía y de sus trabajadores permanece en suspenso, en una espera que se extiende por 180 días pero que, en realidad, podría marcar el inicio de un desenlace más definitivo.