Sacando cuentas.

La comida se vuelve a encarecer más que usar el aire acondicionado o la bomba de la pileta

-El mentado sinceramiento de precios volvió a girar a la mesa de las familias.

-El precio de la comida creció a más velocidad que el de los servicios. Datos de Mendoza

El Editor Mendoza | Javier Polvani
Por Javier Polvani
10 de enero de 2026 - 18:16

El mentado sinceramiento de precios no tiene fin. Sincera o no, la dinámica inflacionaria volvió a cargar contra la mesa de las familias luego de un año de tarifazo tras tarifazo en la luz, el agua y el gas, además del resto de los servicios.

La batalla contra la inflación ha entrado en una nueva fase, más compleja y silenciosa, que se libra ya no en las facturas de los servicios públicos, como durante el primer año del modelo Milei sino nuevamente en las góndolas de los supermercados y almacenes. Los últimos datos publicados por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) para el Gran Mendoza confirman un viraje estructural en el comportamiento de los precios relativos, cerrando un ciclo de dos años que ha modificado profundamente la ecuación económica de las familias.

Al observar la "foto" de noviembre de 2025, una familia tipo necesitó $372.317,62 para no caer bajo la línea de pobreza y $152.589,19 para superar la indigencia. Sin embargo, la "película" completa de la serie estadística 2023-2025 expone el fin del shock de tarifas y el retorno de la inercia alimentaria.

El auge y caída del "costo de los servicios"

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024, la economía provincial atravesó un proceso violento de corrección de precios relativos. Durante ese período, la Canasta Básica Total (CBT) —que incluye transporte, vestimenta, salud y servicios— aumentó un 143,7%, saltando de $117.695 a $286.866. En contraste, los alimentos (Canasta Básica Alimentaria) corrieron por detrás, con un alza del 131,1%.

Este fenómeno se cristalizó en el indicador técnico conocido como la "Inversa del Coeficiente de Engel" (1/CdE), que mide la relación entre el costo de vida total y el costo de comer. Históricamente estable, este coeficiente se disparó desde 2,38 a finales de 2023 hasta tocar un techo de 2,51 en noviembre de 2024 y enero de 2025.

Tarifas - Luz agua y Gas - Edemsa - Aysam - Ecogas (5)
El aumento de las tarifas y otros servicios básicos de la vivienda carcomen los salarios en Mendoza.

El aumento de las tarifas y otros servicios básicos de la vivienda carcomen los salarios en Mendoza.

En términos llanos: durante todo el 2024, las familias mendocinas vieron cómo el peso de las tarifas y el transporte devoraba una porción cada vez mayor de sus ingresos, desplazando proporcionalmente al gasto en comida. Fue la etapa del "sinceramiento", donde el ajuste fiscal se trasladó a los precios regulados, encareciendo la vida urbana muy por encima del valor de los nutrientes.

El cambio de marea

Sin embargo, el último año ha mostrado que esa dinámica tenía fecha de vencimiento. El análisis interanual entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 revela que la tendencia se ha invertido.

En este último ciclo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) aumentó un 33,5%, pasando de $114.289 a $152.589. Por su parte, la Canasta Básica Total se movió a un ritmo menor, del 29,8%.

Esta desaceleración de la canasta total en comparación con la alimentaria provocó que el coeficiente (1/CdE) descendiera sistemáticamente desde su pico de 2,51 hasta ubicarse en 2,44 en el último registro de noviembre.

El colchón de tarifas ha dejado de inflarse. Los precios regulados han encontrado, al menos momentáneamente, un punto de equilibrio o han sido pisados nuevamente por la estrategia oficial para contener el índice general de inflación. Como contrapartida, los alimentos han recuperado protagonismo como el principal motor de la angustia económica. Ya no es la luz o el gas lo que más sube en términos proporcionales, sino el pan, la leche y la carne.

Otro reacomodamiento

La lectura económica de este comportamiento sugiere que el plan de estabilización ha logrado frenar la inercia de los servicios, pero encuentra mayores dificultades para perforar el piso de la inflación núcleo, aquella ligada a los bienes de consumo masivo.

La caída del coeficiente a 2,44 nos devuelve a niveles similares a los de agosto de 2023. Esto indica que el "reacomodamiento de precios relativos" —esa búsqueda teórica de un equilibrio entre lo que valen las cosas y lo que valen los servicios— ha entrado en una meseta. El mercado ha absorbido el impacto de la quita de subsidios y ahora la puja distributiva vuelve a su cauce tradicional: el costo de los insumos básicos.

Es notable cómo en el primer semestre de 2025, la CBA ya mostraba signos de esta "revancha", subiendo un 14,8% frente a un 13% de la CBT. Esta tendencia se consolidó en la segunda mitad del año, demostrando que la estructura de costos de producción y logística de los alimentos sigue teniendo componentes indexatorios difíciles de desactivar.

¿Habrá equilibrio?

Hacia adelante, la preocupación se centra en la rigidez a la baja de la canasta alimentaria. Si bien la inflación general ha descendido drásticamente respecto a los picos de años anteriores, el hecho de que la línea de indigencia (CBA) suba más rápido que la de pobreza (CBT) es una señal de alerta social.

Si el coeficiente 1/CdE continúa su descenso —retornando quizás a los valores históricos de 2,35 o 2,40 vistos en 2023 — significará que los alimentos se están encareciendo en términos reales frente al resto de la economía.

Para el bolsillo del ciudadano, esto implica que el alivio por la estabilización de las tarifas podría verse neutralizado por el encarecimiento de la mesa diaria.

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