El anuncio de Javier Milei sobre el envío de un "Súper RIGI" al Congreso se puede interpretar como la admisión tácita de que las herramientas actuales han resultado insuficientes a la hora de atraer inversionistas extranjeros.
-Mientras se encamina nuevamente hacia EE.UU., Milei realizó el anuncio
-Según detalló, busca atraer a sectores "que nunca han existido en Argentina"
El anuncio de Javier Milei sobre el envío de un "Súper RIGI" al Congreso se puede interpretar como la admisión tácita de que las herramientas actuales han resultado insuficientes a la hora de atraer inversionistas extranjeros.
A través de su cuenta de X, el Presidente lanzó una "mega bomba" al presentar un esquema de beneficios aún más agresivo que el original, enfocado en sectores "que nunca han existido en Argentina". Sin embargo, detrás del entusiasmo oficialista, subyacen interrogantes sobre la sostenibilidad de un modelo basado en la excepción permanente.
El Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), piedra angular de la Ley Bases, prometía una transformación radical. Si bien logró consolidar proyectos en el sector extractivo -minería y energía-, su impacto en la economía real y en la diversificación de la matriz productiva ha sido limitado.
La falta de un flujo masivo de capitales fuera de los sectores primarios evidencia que la estabilidad fiscal por 30 años no compensa, por sí sola, el riesgo país y la fragilidad del cepo cambiario.
El Gobierno parece ahora apostar a una "huida hacia adelante": si el RIGI no fue suficiente, la respuesta es un "Súper RIGI".
Hasta el momento, poca información se tiene sobre el proyecto, sin embargo, el mandatario habló de "sectores que nunca han existido en Argentina". Si se refiere a tecnología de punta o industria de defensa, surge la duda de si Argentina cuenta con la infraestructura y el capital humano necesario para que estos no funcionen como meros ensambladores con beneficios impositivos, sin integración con la industria nacional.
El anuncio además podría profundizar la brecha de beneficios entre los grandes capitales y las pequeñas y medianas empresas (PyME).
Es que, mientras los grandes inversores acceden a alícuotas reducidas y libre disponibilidad de divisas, el entramado productivo local sigue asfixiado por costos logísticos y una presión tributaria que el Gobierno aún no ha logrado desarmar de manera generalizada.
El lanzamiento del "Súper RIGI" se produce en un contexto de autocrítica implícita por parte del Ejecutivo. El RIGI original, sancionado como pieza fundamental de la Ley Bases en 2024, fue diseñado para atraer inversiones superiores a los 200 millones de dólares.
Sin embargo, a dos años de su implementación, los resultados han sido dispares. Si bien se registraron anuncios importantes en los sectores de minería (litio y cobre) y energía (Vaca Muerta), la lluvia de inversiones esperada para diversificar la matriz productiva no alcanzó la magnitud necesaria para reactivar el consumo interno ni estabilizar las reservas del Banco Central de forma definitiva. Analistas señalan que la incertidumbre cambiaria y el riesgo país persistente frenaron proyectos que ahora el Gobierno busca "desbloquear" con este nuevo marco legal.