Neocolonización.

El Mercosur fracturó su historia con un giro vehemente hacia Washington: rol clave de Milei

- El Mercosur escenificó un quiebre político sin precedentes en Foz de Iguazú.

- El bloque fue copado por presidentes alineados 100% con Estados Unidos.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
20 de diciembre de 2025 - 19:50

La cumbre del Mercosur celebrada este fin de semana en Foz de Iguazú, Brasil, pasará a los anales de la historia diplomática sudamericana no por sus acuerdos arancelarios, sino por escenificar un quiebre geopolítico sin precedentes. El argentino Javier Milei lideró un alineamiento inédito del bloque con Estados Unidos.

Lo que durante décadas fue un bastión de autonomía regional, celoso de la injerencia externa, se ha transformado en un escenario donde la estrategia de los Estados Unidos ha logrado permear y dividir al bloque.

La crisis en Venezuela ha dejado de ser un asunto de resolución vecinal para convertirse en el catalizador de un alineamiento mayoritario con la potencia del norte, rompiendo la tradicional doctrina de no intervención que caracterizó al organismo desde su fundación.

mercosur

El encuentro de mandatarios culminó con una postal que hasta hace pocos años hubiera sido impensable: seis naciones latinoamericanas suscribieron una declaración conjunta que, si bien modera el lenguaje bélico, respalda en la práctica la presión internacional sobre el régimen de Nicolás Maduro. Liderados por la Argentina, y con la firma de Paraguay, Panamá, Bolivia, Ecuador y Perú, este grupo ha inaugurado una nueva etapa en la que la diplomacia sudamericana parece dispuesta a validar, explícita o tácitamente, la "mano dura" de Washington en el Caribe.

Cambio de paradigma histórico del Mercosur

Históricamente, el Mercosur funcionó como un amortiguador ante las crisis políticas de sus miembros, priorizando el diálogo interno y rechazando soluciones impuestas desde fuera del continente. Sin embargo, la jornada del sábado evidenció que esa cohesión se ha evaporado. La figura central de este viraje es el presidente argentino, Javier Milei, quien llegó a la cumbre con una agenda clara: alinear al bloque con los intereses de seguridad hemisférica de Estados Unidos y del presidente electo Donald Trump.

Milei no se limitó a la retórica diplomática habitual. En una intervención que rompió los moldes del protocolo regional, saludó abiertamente el despliegue naval estadounidense y el bloqueo a las exportaciones petroleras venezolanas. “El tiempo de tener un acercamiento tímido en esta materia se ha agotado”, sentenció el mandatario, instando a sus pares a abandonar la neutralidad. Para la Casa Rosada, la “dictadura atroz e inhumana” de Maduro justifica el abandono de los viejos dogmas de soberanía regional en favor de una intervención directa de la potencia norteamericana.

La declaración final, firmada también por el presidente paraguayo Santiago Peña y el panameño José Raúl Mulino, exige el restablecimiento inmediato del orden democrático, la liberación de los presos políticos y el respeto a los derechos humanos. Si bien el texto evita mencionar a Estados Unidos, el contexto político le otorga un peso específico: es la validación regional de que la crisis venezolana ha superado la capacidad de gestión de Sudamérica y requiere, según la visión de estos seis países, de la presión externa.

La resistencia de la vieja guardia

Este realineamiento con el norte, sin embargo, no fue unánime y expuso las costuras del bloque. Brasil, en su rol de anfitrión y potencia regional, junto con Uruguay, decidieron no acompañar la declaración. La negativa de Luiz Inácio Lula da Silva responde a la tradición diplomática de Itamaraty, que ve con recelo cualquier precedente de intervención militar o sanciones económicas dictadas por una potencia extrarregional.

lula milei

Lula fue categórico al advertir sobre los peligros de secundar la estrategia de Milei y Trump. Para el líder brasileño, cualquier acción de fuerza, amparada o ejecutada por Estados Unidos, sería una “catástrofe” y sentaría un “grave precedente para toda Sudamérica”. La postura de Brasil y Uruguay intenta mantener viva la llama de un Mercosur autónomo, pero la soledad de su posición frente a los otros seis firmantes revela un cambio en la correlación de fuerzas ideológicas en la región.

El protocolo de Ushuaia

El trasfondo jurídico de esta disputa es el Protocolo de Ushuaia, que establece la cláusula democrática del bloque. Venezuela permanece suspendida bajo este estatuto, pero la discusión ya no es sobre su pertenencia, sino sobre cómo remover al chavismo del poder.

Lo ocurrido en Foz de Iguazú marca el fin de la era del consenso automático en materia de política exterior. La región se ha partido en dos: un eje que prioriza la soberanía y la no intervención (encabezado por Lula) y un nuevo frente, mayoritario y vocal, que ve en la alianza con Estados Unidos la única herramienta efectiva para erradicar lo que Milei denomina un “experimento autoritario”.

Con la crisis humanitaria y el éxodo masivo como telón de fondo, el Mercosur ha dejado de ser un escudo para convertirse en una lanza. La duda que persiste es si este alineamiento con Estados Unidos logrará resultados concretos en Caracas o si, por el contrario, terminará por dinamitar la integración sudamericana, transformando al bloque en un mero archipiélago de intereses geopolíticos contrapuestos.

Dejá tu comentario

Las más leídas

Te Puede Interesar