Reforma laboral al revés: el Senado de México votó por unanimidad reducir la jornada laboral
A mismo tiempo que el Senado en Argentina le daba media sanción a la reforma laboral, en México se votaba la reducción de las horas de trabajo.
PorElEditor Mendoza
12 de febrero de 2026 - 09:20
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Javier Milei y Claudia Sheinbaum al frente de la reforma laboral en sus países.
Mientras en Argentina el Senado debatía la reforma laboral que retrotrae derechos y flexibiliza contrataciones y despidos, en Ciudad de México la Cámara alta aprobaba por unanimidad una iniciativa diametralmente opuesta: la reducción gradual de la jornada laboral semanal de 48 a 40 horas. Dos países, dos modelos, dos lecturas distintas sobre el futuro del trabajo en la región. No obstante, el sistema laboral mexicano, a juzgar por los cambios que se votaron, es mucho más duro que el de la Argentina en la actualidad.
La sesión en el Senado mexicano fue histórica. Con 121 votos a favor y ninguno en contra, se avaló en lo general la reforma constitucional que modifica el Artículo 123, Apartado A, para establecer una jornada máxima de 40 horas semanales, que ahora es de 48. El dictamen, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum en diciembre, beneficiará a unos 13,5 millones de trabajadores formales. La medida no implicará reducción de salarios ni prestaciones, y además prohíbe que menores de edad realicen horas extra.
El calendario de implementación fue uno de los puntos más discutidos. El 2026 funcionará como periodo de adecuación para empresas y trabajadores. A partir de 2027, la jornada se reducirá dos horas por año hasta alcanzar las 40 horas en enero de 2030. La gradualidad busca dar margen al sector empresarial para reorganizar procesos y evitar impactos abruptos en la productividad. Sin embargo, para la oposición, esa gradualidad es también una concesión excesiva.
Tensiones políticas en el Senado
En el pleno, la unanimidad en la votación no ocultó las tensiones políticas. Los senadores de Morena y sus aliados del PT y PVEM defendieron la reforma como un acto de justicia largamente esperado.
“Es un paso hacia un México más justo y moderno”, señalaron. En contraste, desde el PAN y el PRI se cuestionó la demora en la aplicación. Marko Cortés, senador panista, fue tajante: “Es un acto de justicia a medias. Más de la mitad de los trabajadores están en la informalidad, y esta reforma no les beneficiará en nada. ¿Por qué esperar hasta 2030 y no comenzar ya con las 40 horas?”.
Se quedan afuera los trabajadores informales
El reclamo expuso una paradoja: la reforma beneficiará a millones, pero dejará fuera al 55 % de la fuerza laboral que se desempeña en la informalidad. En ese sentido, la medida es celebrada como un avance, pero también como un recordatorio de la deuda pendiente con quienes trabajan sin seguridad social ni derechos reconocidos.
La simultaneidad de ambos debates ofrece una fotografía clara de las tensiones que atraviesan América Latina: entre la flexibilización y la protección, entre la lógica del mercado y la justicia social. En un continente marcado por desigualdades, las decisiones legislativas no son solo técnicas, sino profundamente políticas y simbólicas.
La reforma mexicana ahora deberá pasar por la Cámara de Diputados, última instancia legislativa antes de convertirse en ley. Si se confirma, será uno de los cambios más significativos en la historia laboral del país, y un ejemplo de cómo la política puede redefinir el tiempo de vida y trabajo de millones de personas.
En contraste, la reforma argentina abre un debate sobre el costo social de las políticas de ajuste y sobre el rumbo que tomará la relación entre Estado, empresas y trabajadores. Dos caminos distintos, dos futuros posibles, y una región que observa con atención cómo se redefine el trabajo en el siglo XXI.