El funeral del papa Francisco se celebrará el sábado 26 de abril en la Basílica de San Pedro, y contará con la presencia de líderes mundiales, entre ellos el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. En cambio, el mandatario ruso Vladímir Putin no asistirá y aún no ha confirmado quién lo reemplazará.
Líderes internacionales se preparan para despedir al papa Francisco
El Vaticano confirmó que la misa exequial por el fallecimiento del papa Francisco tendrá lugar el sábado 26 de abril a las 10:00 (hora local), en la explanada de la Basílica de San Pedro. La ceremonia será presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, y contará con la presencia de altos mandatarios internacionales.
Entre los confirmados están el presidente estadounidense Donald Trump, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el francés Emmanuel Macron y el argentino Javier Milei, además del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien viajará especialmente a Roma para despedir al pontífice argentino. La ceremonia concluirá con la Ultima commendatio y la Valedictio, y posteriormente el féretro será trasladado a la Basílica de Santa María la Mayor para su entierro.
La ausencia de Putin: razones diplomáticas y judiciales
Vladímir Putin no viajará a Roma, según informó el medio estadounidense Newsweek. Aunque no dio razones oficiales, el Kremlin señaló que aún no decidió quién representará a Rusia en la ceremonia. Una de las principales trabas para su presencia es la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra en Ucrania.
La ausencia del líder ruso descarta la posibilidad de un encuentro cara a cara con Donald Trump, quien recientemente retomó su cargo con la promesa de intervenir en el conflicto bélico en Europa del Este. Un encuentro entre ambos, en el marco de la despedida del Papa, habría sido histórico, pero quedará, por ahora, como una especulación diplomática.
El funeral del papa Francisco no solo marcará el fin de una era para la Iglesia católica, sino que también se convierte en un escenario cargado de simbolismo político en medio de un mundo en crisis.