Eduardo Elsztain (66) no necesita que su nombre figure en una boleta electoral para decidir el rumbo de la Argentina. Mientras los presidentes pasan por la Casa Rosada, él permanece, a veces como anfitrión, otras como acreedor, pero siempre como el dueño de la infraestructura física y financiera donde se desarrolla la vida nacional. Desde los hoteles de lujo donde se gestan las transiciones presidenciales hasta los campos que definen el ingreso de divisas, Elsztain ha construido un imperio que también posó su mirada —y sus intereses— sobre el recurso más preciado de Mendoza: el agua.
De los quebrachales de Formosa a la UBA
La genealogía de los Elsztain en Argentina es la historia de una ambición que se forjó en el interior profundo. Su abuelo, Isaac Elsztain, llegó al país huyendo de las privaciones de Polonia con poco más que su capacidad de trabajo. Se instaló en Formosa, un territorio hostil donde el negocio del quebracho y la explotación forestal marcaron el ritmo de la fortuna. Allí fundó los cimientos de lo que sería el patrimonio familiar, una herencia que luego su hijo —el padre de Eduardo— trasladaría a Buenos Aires para dar el salto al sector inmobiliario y financiero. Esa estirpe de "hacedores" que domaron fronteras geográficas parece ser el motor que Eduardo heredó para domar, décadas después, las fronteras del mercado de capitales.
En lo académico, la trayectoria de Elsztain está marcada por la búsqueda y la deserción. Lejos de ser un alumno brillante de carrera lineal, Eduardo fue un buscador inquieto que nunca encontró en las aulas el ritmo que exigían sus negocios. Ingresó a la Universidad de Buenos Aires (UBA) para estudiar Economía, pero los tecnicismos teóricos chocaban con la realidad pragmática que ya empezaba a ver en las empresas de su familia. No fue su única frustración institucional: también intentó con la carrera de Administración de Empresas, pero terminó abandonando ambas. Para Elsztain, el aprendizaje real sucedía en la calle y en las mesas de dinero, no en los programas de estudio de una facultad que le resultaba anacrónica frente a la velocidad de la globalización que se avecinaba.
Este currículum de "desertor universitario" se convirtió, paradójicamente, en una de sus banderas de orgullo silencioso. Elsztain suele jactarse de haber aprendido a leer los mercados antes que los libros, una cualidad que le permitió moverse con soltura en los años 80, cuando el sistema financiero argentino era una trampa para los desprevenidos. Su formación fue empírica, forjada entre los activos inmobiliarios que su familia ya manejaba y una visión de mundo que se terminó de consolidar en su viaje a Nueva York. Allí entendió que su destino no era administrar lo que ya existía, sino utilizar la base que su abuelo polaco había construido en el norte argentino para edificar un holding sin fronteras.
El señor de los ladrillos y el bautismo de Soros
La historia oficial cuenta que el ascenso de Elsztain comenzó con un viaje místico y una reunión fortuita. Dejó sus estudios de Economía en la UBA para buscar su destino. Fue Menachem Mendel Schneerson, el Rebe de Jabad Lubavitch, quien le dio el consejo que se convertiría en su dogma: "invertí en ladrillos". Esa conexión espiritual no es un detalle de color; es el núcleo de su red de contactos internacional, que vincula Wall Street con Jerusalén.
soros
George Soros, el financista que le dio el gran empuje a Elsztain en sus inicios.
En 1990, con apenas 30 años, logró lo que parecía imposible: convenció al magnate George Soros (quien fundió el Banco de Inglaterra) de invertir 10 millones de dólares en su empresa, IRSA. Con ese respaldo, Elsztain aprovechó el proceso de privatizaciones de los años 90 para adquirir activos estratégicos a precios de oportunidad. Así nacieron los templos del consumo moderno: el Abasto, el Alto Palermo y, en nuestra provincia, el Mendoza Plaza Shopping. Elsztain no solo compraba edificios; estaba comprando el control del flujo de consumo de la clase media argentina y el derecho a moldear el urbanismo de las principales ciudades del país.
El casero de la Casa Rosada
La verdadera fortaleza de Elsztain es su capacidad para ser el denominador común de gobiernos que, en la superficie, parecen enemigos irreconciliables. Con el kirchnerismo mantuvo un pragmatismo de hierro. Fue recibido por Cristina Fernández en 2008, en el momento más álgido del conflicto con el campo, posicionándose como el "empresario confiable" del sector. Ni siquiera el escándalo del Dot Baires Shopping, acusado por los vecinos del Barrio Mitre de provocar inundaciones evitables, logró que el poder político le soltara la mano.
Con la llegada de Mauricio Macri, el vínculo se institucionalizó en el Foro Llao Llao. El histórico hotel de Bariloche, propiedad de IRSA, se transformó en la sede donde el círculo rojo le toma examen a la política. Pero fue con Javier Milei cuando la relación alcanzó una simbiosis inédita. El ahora presidente vivió meses, gratis, en el Hotel Libertador de Elsztain. Ese edificio no fue una simple residencia; fue el búnker de campaña y la oficina donde se redactaron los primeros borradores de la Ley Bases.
Elsztain no solo alojaba al candidato; estaba incubando al Estado en formación. Esta cercanía se selló con viajes a Nueva York, donde el empresario ofició de introductor de Milei ante los foros mineros y financieros. En esos pasillos de Manhattan, Elsztain pavimentó el camino para sus propios intereses extractivos, presentando a Mendoza y San Juan como las nuevas fronteras abiertas para el capital global.
cornejo-karina-elsztain
Karina Milei, Alfredo Cornejo y su par de San Juan en una de las giras de promoción de los minerales de Mendoza. Detrás, Eduardo Elsztain, dueño de IRSA y Cresud.
El tándem con Mindlin, socio clave en su crecimiento
Durante casi dos décadas, hablar de Elsztain era, inevitablemente, hablar de Marcelo Mindlin. Juntos conformaron una de las duplas más potentes del mundo corporativo tras la caída del modelo de convertibilidad. Mindlin no solo fue su mano derecha, sino el estratega operativo que lo acompañó en la captura de activos subvaluados durante el caos del 2001. A través de Dolphin Fund, el brazo inversor que compartían, ejecutaron la compra de IRSA y el control del Banco Hipotecario. Eran dos caras de una misma moneda: Elsztain aportaba la visión mística y los contactos internacionales en el mundo financiero judío, mientras que Mindlin se encargaba de la "arquitectura de guerra" en las negociaciones locales.
La sociedad fue perfecta hasta que dejó de serlo. El punto de inflexión fue la ambición de Mindlin por expandirse hacia el sector energético, un terreno que Elsztain miraba con cautela pero sin el mismo entusiasmo operativo. La separación, en 2003, fue un divorcio de alto impacto en el Círculo Rojo: Mindlin se quedó con Pampa Energía, convirtiéndose en el zar de la electricidad y el gas en Argentina, mientras que Elsztain retuvo el control total de IRSA y Cresud. Fue una división salomónica del país: uno se quedó con la energía que mueve las ciudades y el otro con el suelo sobre el que esas ciudades están construidas.
Esta ruptura no solo marcó el fin de una era, sino que explica la autonomía actual de Elsztain. Sin Mindlin a su lado, Elsztain profundizó su perfil de terrateniente y su rol de anfitrión político, dejando la gestión técnica de los servicios públicos en manos de su exsocio. Sin embargo, en Mendoza, los intereses de ambos vuelven a cruzarse tangencialmente: mientras Mindlin maneja gran parte de la matriz energética que alimenta las industrias, Elsztain avanza sobre el agua que esas mismas industrias —y la minería— necesitan para operar. La vieja sociedad Dolphin Fund fue la escuela donde ambos aprendieron que, en Argentina, el verdadero negocio no es producir, sino controlar los recursos básicos que el Estado deja vacantes.
menem de la rua
Menem y De La Rúa en la inauguración del Abasto, la primera gran inversión inmobiliaria de IRSA.
La batalla por el agua en Agrelo
En Mendoza el avance del grupo ha tocado una fibra que la política local suele cuidar con recelo: el agua. El conflicto se originó en la Resolución 125/2025 del Departamento General de Irrigación. En plena emergencia hídrica, con los acuíferos de la Subcuenca El Carrizal bajo estricta restricción, el jefe de Irrigación, Sergio Marinelli, autorizó a Cresud a perforar cinco pozos para regar 424 hectáreas en Luján de Cuyo. Por esta acción a todas luces discrecional, el funcionario estuvo a punto de ser llevado a juicio político, pero la mayoría que ostenta Alfredo Cornejo en el jury lo salvó.
El beneficio fue tan grosero que el caso no tardó en llegar a la Suprema Corte de Justicia de Mendoza. Lo que los magistrados tienen sobre sus escritorios no es una simple disputa técnica por un pozo; es el debate sobre si un empresario con acceso directo a la quinta de Olivos puede estar por encima de la escasez que sufren miles de mendocinos.
La entrega de estos recursos en una zona donde los acuíferos están "cerrados" para nuevos emprendimientos provocó un sismo institucional. Organizaciones ambientales, productores locales y sectores de la oposición denunciaron que la resolución fue un "traje a medida" para el anfitrión del presidente.
El conflicto llegó a la Suprema Corte, que avaló la autorización precaria en un fallo que firmaron seis de sus siete miembros, y que sienta un precedente inédito que Marinelli celebró: la Corte aplicó la normativa del agua superficial al agua subterránea para los permisos, y les otorgó el carácter de precarios.
A por la expansión minera
A través de Austral Gold, Elsztain ya explota oro y plata en San Juan (mina Casposo). El RIGI es la herramienta perfecta para "byppasear" la Ley 7722 y garantizarse estabilidad fiscal por décadas.
En una entrevista con el diario La Nación, Elsztain ensalzó el modelo que impulsa Milei y en esa línea destacó que la Argentina atraviesa un momento de oportunidades.
“Hay activos que están bajo tierra y no tienen valor si no hay un equipo profesional que los ponga en movimiento”, señaló, aludiendo al litio, la minería y el desarrollo energético de Vaca Muerta. Para el empresario, el país necesita previsibilidad y reglas claras que permitan al capital privado arriesgar e invertir. En su visión, el talento argentino y los recursos naturales son la base de un futuro de expansión, siempre que se logre “ponerlos en movimiento”.
La minería, junto con el agro y la energía, aparece en su discurso como uno de los pilares de crecimiento del país. Elsztain observa el fenómeno brasileño, que triplicó su producción agrícola en 15 años, como ejemplo de lo que Argentina podría alcanzar si logra destrabar sus activos.