Duro discurso, con Milei ausente.

El Arzobispo de Mendoza, con el Gabinete en primera fila: "Basta de indiferencia y gestos violentos"

El Arzobispo de Mendoza disparó fuerte contra las políticas de exclusión en la misa por el aniversario de la muerte del papa Francisco.

El Editor Mendoza | ElEditor Mendoza
Por ElEditor Mendoza
22 de abril de 2026 - 07:23

En una ceremonia que trascendió lo litúrgico para convertirse en un hecho político de primer orden, el Arzobispo de Mendoza y actual presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Marcelo Colombo, lanzó un mensaje contundente que sacudió los cimientos del poder político presente. Ante una audiencia que incluyó a las máximas figuras de las administraciones de la Nación, la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, el prelado mendocino no solo homenajeó la figura del Papa Francisco, sino que utilizó el ideario de Jorge Bergoglio como un espejo incómodo para la realidad actual del país.

Milei ausente

Con la ausencia del presidente Javier Milei —quien se encontraba en Israel—, el protagonismo oficial recayó en el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien junto a otros funcionarios escuchó desde las primeras filas una de las críticas más directas que la Iglesia ha proferido en el último tiempo. Colombo, cuya trayectoria en Mendoza ya estaba marcada por su gestión ante temas como la minería y las personas en situación de calle, aprovechó su nuevo rol nacional para elevar la voz.

“Mucho nos hemos lamentado de no haberlo tratado bien... nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”, sentenció Colombo.

Sus palabras no fueron al aire. Fueron un dardo directo a la polarización extrema y al estilo de confrontación que domina la escena política contemporánea. El arzobispo hizo un "mea culpa" colectivo, incluyendo a la sociedad y a la propia Iglesia Católica, por haber sido "mezquinos" con las propuestas de Francisco, pero rápidamente viró el discurso hacia una exigencia de presente y futuro.

El programa de los "excluidos"

A contramano del discurso de austeridad que impulsa el Gobierno Nacional, Colombo rescató las banderas de la "solidaridad profética de los pobres". En un pasaje que resonó como un pliego de condiciones sociales, el arzobispo desglosó las deudas pendientes del Estado:

  • Tierra, Techo y Trabajo: Reivindicó el derecho de los campesinos a la tierra y de las familias a un hogar.

  • Seguridad Social: Reclamó jubilaciones dignas para los ancianos y futuro para los jóvenes.

  • Igualdad de Género: Instó a reconocer la igualdad de derechos para las mujeres.

Este llamado a proteger a los "descartados" del sistema no es nuevo en Marcelo Colombo, pero al pronunciarlo frente a la cúpula oficialista, sus palabras adquirieron una dimensión de reclamo institucional que marca la cancha de la relación Iglesia-Estado.

La "presencia ausente" de Francisco

Uno de los momentos más profundos de la crónica fue la reflexión sobre la nunca concretada visita del Sumo Pontífice a Argentina. Lejos de las especulaciones políticas habituales, Colombo propuso una mirada superadora: Francisco nunca se fue de su Patria porque sus palabras siguen "sacudiendo las modorras conceptuales" de los argentinos.

El mensaje final fue una invitación a la madurez política: “Aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso”.

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Actor de peso en el tablero de la política

Con esta intervención, Marcelo Colombo ratifica que su gestión al frente del Episcopado no será silenciosa. El liderazgo que forjó en Cuyo —ese que no teme confrontar por temas sociales o ambientales— se ha nacionalizado. En un país donde la palabra suele usarse como arma, el Arzobispo eligió usarla como un llamado a la cordura y a la justicia social, dejando en claro que la Iglesia no será una espectadora pasiva.

Villarruel clavó el visto

Por su parte, la vicepresidenta, Victoria Villarruel, v olvió a marcar distancia del arco político al cuestionar con dureza la misa celebrada en la Basílica de Luján en homenaje al primer aniversario de la muerte del papa Francisco. Tras retirarse de esa ceremonia, la titular del Senado se trasladó a la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, donde fue bautizado Jorge Bergoglio.

En este marco, explicó públicamente los motivos de su ausencia en el acto central. En declaraciones televisivas, Villarruel sostuvo que optó por participar de una celebración alternativa por considerar que la misa de Luján había sido “politizada”. “Vine acá que es el lugar donde el Papa fue bautizado, donde se hizo hijo de Dios”, expresó, al justificar su presencia en el templo salesiano en lugar del principal santuario religioso del país.

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